Sorbió por la nariz, levantando su cabeza para verle con su expresión más tierna. Ese era parte de su encanto, ser infantil en su faceta relajada y, a la vez, una chica muy sensata cuando la ocasión lo requería.
— ¿De verdad…? B-bueno, iré a la ducha de todos modos.
Aish. Mira que sabe cómo hacerla explotar de vergüenza. Lucy quedó paralizada, temblando por los nervios, impotente. Quiso vengarse metiéndole un codazo, pero apenas le salió un suave roce.
— S-solo por ahora. Tch…
Ahora en una esquina, puesta de cuclillas, la rubia alargó su drama.
— N-no pasa nada, mmf.
Casi se le salen las lagrimitas.
La respuesta la dejó de piedra. «A sudor…» repitió en su mente un par de veces.
— ¿¡Huelo mal!? —fue de lo primero que se preocupó al caer en cuenta, levantando un brazo para comprobarlo. Ella, particularmente, no notaba nada.
— Uhh… ¡o-olvídalo!
Apretó los dientes, quedándose callada. La maga no deseaba perder tan pronto el control de la situación, por lo que se armó de valor para bajarle los pantalones de un tirón, cerrando de golpe sus ojos.
— ¿Y-Y ahora qué…? —abriendo solo uno, le echó una mirada tímida.
¿EHHH? Que aleje esas espadas de su precioso pelo. Con lo que le costó dejárselo tan largo, hmp.
— Nnooo… Más caricias. —frunció el ceño e infló las mejillas. Lucy borracha es igual a actitud caprichosa.
— ¿En problemas?
Arqueó una ceja, mirándole de reojo cuando se acerca peligrosamente. El aliento rozándole el oído le produjo un escalofrío, que no es mayor que el que viene después tras sus indecorosas palabras. — ¡G-Gray…!
Casi le da con el puño. ¡Si será…!
— Oh, sí. Es cierto eso de que tenéis un olfato muy desarrollado.
Respondió mientras lamía la punta del helado, separando sus labios después de dar un mordisquito. — Oye, Laxus. ¿Y yo a qué huelo?
Preguntó, muy curiosa al respecto.


























