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Musician | https://nitter.cf/t.co/sIMN6o4Cp6 Award-winning Strategist | Co-Founder / CSO @bombayagency

Ciudad de México, Mexico
Joined November 2007
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Hice la versión publicitaria.
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Impresionante el sacrificio que hacen los argentinos por su futbol... incluido el de su marca país.
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Pues lo mejor de la inauguración fue el estadio coreando "Oye , mi amor" junto a @manaoficial
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Mi ciudad que es chinampa.
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Van algunas portadas a unos días de México ‘86… ¿Temas? Un choque durísimo con EEUU donde sin mayor prueba e incluso controversia señalaban a los gobernadores de Sonora y Sinaloa de nexos con el narco… Rechazo del gobierno a la burda injerencia… Y marcha por la soberanía 👇🏼
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Intentar hacer una marcha desde la arrogancia y sentimiento de superioridad moral del centro del país, es muestra clara de su ignorancia acerca del alma chihuahuense.
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"No podía saberse".
Two years after its launch, Mexico's $25 billion Mayan Train is struggling. Ticket sales are low, hotels along the route sit mostly empty and despite government promises, the local communities near the line say they have seen little benefit reut.rs/4sOxfa0
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Cuando de la nada entras a la transmisión en vivo del viaje de @NASAArtemis @NASA y lo primero que escuchas es "... the Terminator looks absolutely alien"
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Esto. De lo más sensato que he leído en un contexto plagado de sobresimplificaciones.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón. Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién. La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas. Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión. Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo. Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas. Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos. Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
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Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón. Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién. La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas. Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión. Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo. Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas. Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos. Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
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Se escuchó en @BBVA_Mex –Señor, ¿cómo podemos seguir erosionando nuestra experiencia omnicanal digital? –Tengo una idea... 🫠🤦🏻‍♂️ ¿Por qué eres así, BBVA?
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Idea para nombre de local que vende productos para mascotas: Home Depet. #branding
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Nombre de marca de colchonetas y mantas para mascotas: TaPet. #branding
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Idea para nombre de casa de té inspirada en la vida en la frontera: Té Juana. #branding
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Y pensar que hay tantos que creen que todo esto nació de una verdadera intención de democratizar más la vida nacional y de mejorar la impartición de justicia en el país.
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De las cosas más ruines que ha hecho el obradorismo es abusar de las carencias, de la esperanza, del deseo de justicia y del genuino resentimiento de las personas más marginadas contra una clase política que les ignoró por décadas. Son iguales o peores que los otros.
—¿Cómo se informó para votar? —“Por medio de una persona que nos está diciendo cómo votar.” La elección judicial es una farsa...
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Lo intenté. Bajé las listas. Busqué los nombres. Información incompleta. Perfiles sociales ausentes. Horas tratando de analizar. Llegué a unas muy escuetas primeras alternativas. Intenté apoyarme usando IA. Ni así. Imposible tomar una decisión informada y así, imposible votar.
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Por años presumieron que eran todos unos demócratas. Hablaban de libertad de expresión, defendían el periodismo y las redes sociales, crearon medios, escribieron hartos textos… El tiempo ha probado que eran solo autoritarios sin poder.
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Qué ganas de decirle a alguien, "No, cariño. No tienes privilegios para acceder a mi aplicativo"
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La señora @ClaraBrugadaM , jefa de gobierno de la Ciudad de México: yo voté por usted, pero esta equivocada. No hay toros sin violencia. Los toros son una violencia. Martirizar al animal, al ser vivo ya es un acto de violencia. Señora Brugada: no nos “dé atole con el dedo”. Los toros son una violencia. Los que participan en la barbarie son violentos. Los que apoyan esta actividad también son violentos… Y ustedes, los políticos…¿también les gusta la violencia?
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