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Enriquecer las narrativas para superar la polarización: Lecciones del trabajo de IFIT en América Latina. Les comparto con mucho gusto este paper que publicamos en coautoría con Alina Rocha Menocal y con Miguel Silva, como parte del trabajo que hacemos en el INPG de @IFITtransitions
Más que pensar en conocimiento teórico acerca de la práctica narrativa para la resolución de conflictos y construcción de paz, este paper, para mi, representó una oportunidad de aprender del trabajo de campo del staff de IFIT. Se trata de cómo la práctica puede informar a la teoría. El trabajo continúa y las lecciones se siguen sumando.
Por lo pronto, acá el paper y abajo link de descarga sin costo:
En contextos frágiles y afectados por conflictos, las narrativas desempeñan un papel especialmente crítico en la construcción de identidades, la (des)legitimación de distintas políticas y actores, y la promoción o erosión de la paz. Este documento práctico registra pasos concretos para adaptar el enfoque de construcción de paz narrativa del IFIT a las necesidades contextuales y operativas de diversos entornos, utilizando ejemplos del trabajo del IFIT en América Latina, particularmente en Colombia, Venezuela y México. Así, demuestra que la construcción de paz narrativa puede ser tanto una línea de programación independiente como un enfoque transversal integrado en la práctica cotidiana.
El documento describe primero cómo crear iniciativas narrativas autónomas enfocadas explícitamente en la transformación narrativa, incluyendo el mapeo narrativo, la producción de herramientas narrativas, prácticas basadas en las artes y talleres de formación para diversos actores. Posteriormente, muestra cómo la narrativa puede utilizarse como lente transversal para orientar todas las actividades, incluyendo el desarrollo de teorías de cambio, el relacionamiento con actores clave, el diseño de eventos y la facilitación de espacios de diálogo entre actores en conflicto. El documento concluye con lecciones para profesionales, ofreciendo ideas prácticas y expectativas realistas sobre la transformación narrativa como una vía a largo plazo y sensible al contexto hacia una construcción de paz más inclusiva.
Acá lo pueden descargar en español o en inglés
ifit-transitions.org/publica…
Los hutíes contra Arabia Saudita: el poder de combinar asimetría y geografía
Les comparto el artículo publicado originalmente en la app N+ Opinión.
El 10 de octubre, el grupo yemení de los hutíes, aliado de Irán, atacó el aeropuerto de Riad, la capital de Arabia Saudita, matando a 13 personas e hiriendo a cientos. Se trata del ataque más letal contra cualquier país del Golfo desde febrero, cuando inició la guerra contra Teherán. No fue el único bombardeo de ese aeropuerto. La cuestión es que, justo del 11 al 15 de octubre, tendría lugar el Congreso Mundial de Energía en esa capital y que, del 26 al 29 de este mes, estaba previsto otro foro, considerado como el «Davos del Desierto»: la Future Investment Initiative. El primero tuvo infinidad de cancelaciones e interrupciones, mientras que el segundo tuvo que posponerse. Las consecuencias psicológicas, simbólicas, económicas y políticas de estos hechos son apenas una muestra de cómo y por qué los hutíes han sido tan eficaces en su confrontación con Arabia Saudita y sus aliados desde 2015. El tema acá es que hoy, en 2026, ya no hablamos solo de las implicaciones para la guerra civil en Yemen, sino de cómo esta dinámica se entreteje con Irán, con el 15% del comercio global que transita por el mar Rojo y con otros conflictos que colindan con ese mar, como los de Somalia, Sudán o incluso Etiopía.
1. Como contexto, los hutíes son una agrupación rebelde de Yemen, aliada de Irán, que controla la capital de ese país, Saná, desde 2014. A partir de 2015, Arabia Saudita formó una coalición de actores para respaldar al gobierno internacionalmente reconocido de ese país, que tuvo que huir a la ciudad de Adén.
2. Así que los ataques con misiles y drones contra infraestructura civil o energética saudí no son algo que comenzó ahora. Ya en 2019, por ejemplo, los hutíes reivindicaron un ataque contra Aramco, la petrolera saudí, que causó daños de tal magnitud que sorprendieron a todo el planeta, no solo por su impacto material y las afectaciones a la oferta de petróleo, sino también por la sofisticación del ataque. Esto llevó incluso a las agencias de inteligencia de EE. UU. y de Riad a concluir que los ataques procedían de Irán. Teherán lo negó y, además, los hutíes sostuvieron una ola de ataques similares. Como sea, esa agrupación fue comprendiendo el poder de sus capacidades asimétricas frente a un ejército mucho más poderoso, como el saudí.
3. Lo más importante de todo: Riad tuvo que aceptar que una campaña aérea contra los hutíes sería insuficiente para derrotarlos, especialmente porque las fuerzas leales al gobierno internacionalmente reconocido de Yemen eran claramente inferiores en esta guerra civil. Así, de la mejor manera que fue posible, se negoció un cese al fuego en 2022 que, aunque expiró formalmente ese mismo año, dio paso a una desescalada que se mantuvo hasta ahora.
4. Pero ya para 2026 hay que añadir al menos tres factores a la ecuación. (a) Primero, los hutíes entendieron mucho mejor el poder de su geografía cuando, al sumarse a la lucha de Hamás contra Israel, ensayaron la obstaculización de la navegación comercial, atacando y secuestrando barcos mercantes que buscaban transitar por el mar Rojo. (b) Segundo, Trump 2.0 no es el mismo que en su gestión previa. Mientras que entonces ese presidente se mostró mucho más contenido en sus intervenciones en la región, en esta ocasión no solo decidió lanzar la mayor escalada contra Irán que hemos visto, sino que, desde 2025, lanzó su primera campaña militar precisamente contra los hutíes. La cuestión es que, una vez más, los hutíes utilizaron eficazmente el poder de sus ataques asimétricos y resistieron esa campaña durante el tiempo suficiente para agotar la paciencia de Trump. Así, esto terminó por empoderarlos aún más. Ahora no solo eran los héroes que representaban la lucha contra el enemigo sionista, sino también la lucha contra el colonialismo y la dominación que, en su discurso, representa el Gran Satán, Washington. © El tercer factor es Irán. A lo largo de todos estos años, Teherán se ha encargado de proveer a los hutíes de más y mejor armamento, así como de entrenarlos en las tácticas que hoy podemos observar.
5. Así, tenemos que leer estos factores de manera combinada: tácticas asimétricas exitosas y expandidas, victorias simbólicas y psicológicas frente a actores poderosos, y un mejor armamento junto con una mayor experiencia de combate. Todo ello se traduce en una suma de componentes que dificulta cualquier intento de disuasión contra esa organización.
6. Pero, por otro lado, desde hace mucho sabíamos que el conflicto con Irán podía escalar hasta Yemen y el mar Rojo. Si bien los hutíes titubearon al principio, las circunstancias terminaron por arrastrarlos y por mostrar esta otra herramienta con la que contaba Teherán.
7. Para efectos del comercio global, lo que estaba en riesgo, como hemos visto, era un efecto pinza: al generar suficiente disrupción en la navegación a través de dos estrechos cruciales, el costo para la economía global, para Estados Unidos y para todos sus aliados se elevaría a tal nivel que resultaría imposible continuar las hostilidades contra Teherán y su eje.
8. Para entender la base de esta estrategia, implementada tanto por Irán como por sus aliados hutíes, hay que considerar que estos actores no necesitan “cerrar” esos estrechos, clausurar la capacidad energética de la región o destruir infraestructura, como los aeropuertos. La clave está en el miedo y la inestabilidad que producen, en la percepción de riesgo al navegar por la zona, o al invertir e incluso viajar a la región, y en los costos económicos y financieros asociados. Basta con golpear un aeropuerto como el de Riad un par de veces, atacar algunas embarcaciones o dañar un oleoducto como el que transporta el petróleo saudí del este al oeste de la península. Así, incluso si Washington establece un operativo de protección para facilitar el tránsito del petróleo, los costos de los seguros, la transportación y las materias primas pueden elevarse lo suficiente como para otorgar victorias cruciales a Irán y los hutíes.
9. Una nota importante: los hutíes son, dentro del eje de alianzas de Irán, no solo su socio más independiente, sino también el más empoderado por los factores que arriba señalo. Esto les permite operar autónomamente y tomar decisiones orientadas a sus propias metas estratégicas, muchas de las cuales están alineadas con Teherán, pero no todas. Por ello, negociar con Irán un cese al fuego o la liberación de Ormuz no significa automáticamente resolver el conflicto reactivado en Yemen, que responde a dinámicas paralelas y entretejidas, pero no idénticas.
10. El problema es que Riad tiene opciones limitadas. Solicitar ayuda a sus aliados, como Washington, Turquía o Pakistán, no garantiza una victoria. Una intervención terrestre de mayor escala tampoco asegura el éxito ante las tácticas de guerrilla de los hutíes. La otra opción para el reino saudí es negociar en términos no demasiado favorables.
11. Pero hay un factor adicional: las ondas expansivas de este conflicto son importantes. Por un lado, los reportes de colaboración entre los hutíes y organizaciones africanas como Al Shabab en Somalia, afiliada a Al Qaeda, son cada vez más frecuentes. Estas agrupaciones ya no solo colaboran en el tráfico de armas, sino también en una mayor coordinación de conocimientos y operaciones a través de un mar crucial para las cadenas de suministro globales. Y esta creciente competencia por la influencia y el control estratégico de las rutas del mar Rojo también ayuda a entender otros movimientos en la región. Israel se convirtió hace unos meses en el único país del mundo que reconoce la independencia de Somalilandia, una región separatista de Somalia ubicada justo en el corazón geográfico de todo lo que señalo. Jerusalén busca establecer una base militar en ese territorio y Trump se inclina por favorecer esta iniciativa.
12. Otros conflictos de la región, como los de Sudán y Etiopía, también tienen componentes relacionados con el acceso a esta ruta del mar Rojo y se están internacionalizando de manera preocupante.
En suma, ya nada puede quedar completamente aislado. Entender quiénes son los hutíes y cómo han construido su poder y sus capacidades asimétricas es algo que no solo EE. UU. podía y debía prever antes de desatar esta caja de Pandora. También implica reconocer que todo esto está mucho menos “lejos” de lo que podría parecernos desde México y que debe formar parte de las estrategias de mitigación de riesgos de gobiernos y empresas en todo el planeta.
Los hutíes contra Arabia Saudita: el poder de combinar asimetría y geografía, mi columna de hoy en N+ Opinión (de acceso libre bajando la app de Nmas)
nmas.com.mx/opinion/mauricio…
Mauricio Meschoulam retweeted
¿Por qué es tan difícil detener la carrera de la inteligencia artificial, incluso cuando sus propios desarrolladores advierten sobre sus riesgos?
@maurimm explica cuáles son los obstáculos para lograr una cooperación internacional.
Zelensky vs. Trump: los límites de la apuesta ucraniana, mi artículo en la app de N+ Opinión (bajando la app el contenido es de acceso libre)
De pronto, pareciera que Zelensky ya tuvo demasiado. No es que no haya intentado distintas rutas para lidiar con el presidente estadounidense, pero, después de casi dos años, ahora está decididamente escalando su retórica contra Trump. En una entrevista para el Financial Times esta semana, Zelensky no solo se muestra desafiante y anuncia que ya ha sido suficiente de una tregua energética que solo Ucrania está respetando, sino que incluso afirma que Trump siente una afinidad instintiva por los “autócratas y las personas extremadamente ricas”. De su lado, Trump también ha dado muestras de su exasperación con el mandatario ucraniano. Hace algunos días, incluso declaró: “Creo que ha llegado el momento de que Ucrania tenga un nuevo presidente… Sugiero que consigan un nuevo líder que pueda llegar a un acuerdo, porque (Zelensky) podría haber llegado a muchos acuerdos y, por alguna razón, nunca lo hace”.
Esta situación pareciera devolvernos a un territorio que ya conocemos, que quedó expuesto a los cuatro vientos cuando ambos líderes chocaron en la Casa Blanca el año pasado, y que pareciera reflejar cómo piensan Trump, su base en EE. UU. e incluso ciertos sectores en Europa respecto a la guerra en Ucrania. Comparto unas notas al respecto.
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El 7 de octubre a tres años: las ondas expansivas del conflicto, mi artículo en N+ Opinión
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Irán podría estar tensando demasiado la cuerda, mi columna en N+ Opinión.
Irán está probablemente excedido en los riesgos que ha decidido correr al prolongar esta guerra. Es verdad que Estados Unidos e Israel han quedado lejos de cumplir con sus objetivos estratégicos. También es verdad que, cuando en junio se pactó un cese al fuego, los términos de ese acuerdo fueron vistos como favorables para Irán y que, por tanto, en todo el planeta han estado fluyendo toneladas de análisis acerca de por qué esta ha sido una derrota estratégica de Washington. Pero ese cese al fuego no se sostuvo y fue la línea más dura del poder en Irán la que lo hizo colapsar, buscando incluso mejores términos que los acordados. Desde entonces han pasado ya más de tres meses en los que no se ha retornado a las hostilidades mayores, pero tampoco hay un estado de paz. La cuestión es que, en este lapso, ahora es la estrategia iraní la que está exhibiendo importantes grietas. Acá, unas notas al respecto:
(Lea el resto del texto con acceso libre bajando la App de N+ )
nmas.com.mx/opinion/iran-pod…
Ucrania: cuando Putin se siente en riesgo, suele escalar, ¿cómo lo está haciendo ahora? Mi texto en N+ Opinón
(Estos textos son de acceso libre desde la App de Nmas, hay que bajarla y todo el material es accesible)
nmas.com.mx/opinion/ucrania-…
Arabia Saudita contra los hutíes: ¿Qué significa para Irán, el petróleo y el comercio global? Mi columna en N+ Opinión.
(Les dejo el link pero por ahora el acceso libre es a través de la app, y una vez que la bajan se meten a la sección de Opinión).
nmas.com.mx/opinion/arabia-s…
La consigna “¡Fuera judíos de México!” en una manifestación cerca de una sinagoga en CDMX hace unos días es antisemitismo puro y no debería necesitarse explicar por qué lo es. Pero el despliegue de la bandera palestina (incluso si ésta estaba expuesta al revés) en la manifestación en donde eso ocurría nos puede dar una pista. Una persona puede emitir el juicio que considere adecuado acerca de las acciones del gobierno israelí. Esa persona tiene la libertad para expresar esa y cualquier otra postura política acerca de ese o cualquier otro gobierno de cualquier otro Estado. Pero en el momento en que se establece un vínculo directo entre las decisiones y acciones de un gobierno específico con la religión o cultura de un grupo que tiene nacionalidad mexicana y, encima de ello, se responsabiliza a ese grupo por lo que dicho gobierno lleva a cabo (tanto así que se pide su expulsión del país del que son ciudadanos), se ha rebasado la línea entre las críticas y el legítimo derecho a expresarlas, y se penetra en la frontera del prejuicio y el estereotipo.
Israel es un Estado, el cual se conduce a través de políticas, como cualquier otro Estado del planeta, que no dejan de ser las decisiones del gobierno en turno. Su conducta, por tanto, puede ser evaluada con herramientas que corresponden al análisis político, o a la perspectiva teórica, filosófica, científica o legal que se desee emplear. No solo en Israel hay un amplio sector de la opinión pública altamente crítico de las acciones de su gobierno, sino que en todo el mundo hay infinidad de personas de religión u origen judío que representan toda la gama del espectro político. Considere solamente a alguien como Bernie Sanders, un senador judío, quien impulsa legislación en EEUU para que su país deje de suministrar armamento a Israel. O, en un ejemplo reciente, está justo Ed Miliband, el Secretario de Asuntos Exteriores de Reino Unido, un británico que se autodefine como un “judío orgulloso”, quien desde la cancillería de ese país está promoviendo sanciones contra los asentamientos israelíes en territorios palestinos y contra colonos extremistas responsables de violencia en Cisjordania.
Hablar de “los judíos”, así, en plural, parte del pensamiento categórico que los mete a todos en un cajón y que, por tanto, tiene el permiso de responsabilizar a cualquier persona que entre en ese cajón de las acciones de un gobierno por el que esas personas ni siquiera votaron y, por tanto, podría ameritar pensar que esas personas deben ser expulsadas del país del que sí son ciudadanas. Esta línea es la que no puede pasarse por alto.
Algunas claves para entender un mundo donde nada ocurre de manera aislada.
A partir de hoy estaré publicando todos los domingos en la pág de N+ Opinión. En esta primera columna presento algunas claves y temas de los que estaremos hablando cada semana. Todo el contenido es de acceso libre si bajan la App. Acá mi primer texto nmas.com.mx/opinion/algunas-…
Unas reflexiones sobre el 9/11, 25 años después
1. Un atentado terrorista tiene el objeto, como su nombre lo indica, de producir terror. Las siempre lamentables víctimas directas y los daños materiales que produce son solo instrumentos para generar ese estado de miedo exacerbado, el sentimiento de vulnerabilidad, de indefensión, de fragilidad, de desconfianza en ese gobierno que es incapaz de evitarlo, y con ello, canalizar a través de ese estado de shock inducido, una serie de mensajes y reivindicaciones, producir coerción y presiones políticas para impactar en la toma de decisiones de actores políticos y de la sociedad entera.
2. Por lo tanto, la dimensión de un acto terrorista está más en sus afectaciones psicosociales y sus repercusiones políticas que en sus lamentables consecuencias materiales inmediatas. Esto está determinado por el monto de cobertura que recibe (en penetración, tiempo, amplitud y profundidad), y la capacidad de lograr que ese acto tenga consecuencias mucho más allá de la ubicación geográfica directamente afectada, y mucho más allá del día, mes o incluso el año en el que el acto se comete.
3. Todo ello es lo que hace a los atentados del 9/11 los más consecuentes de la historia. Por ejemplo, los estudios que se hicieron tiempo después, mostraron efectos de estrés post traumático (PTSD) como consecuencia de estos hechos, en personas que solo tuvieron contacto no con los actos de manera directa, sino con la narrativa de los eventos a través de fotografías, videos o textos.
4. De igual modo, una sociedad que vivió ese tamaño de conmoción, mostró rápidamente su disposición a sacrificar varias de sus libertades en aras de proteger lo que percibía como su seguridad (como también mostró la vasta investigación que se hizo). Esto tuvo consecuencias internas y externas.
5. Además de las medidas internas como el establecimiento del monstruo llamado Homeland Security, o la aplicación del Acta Patriótica, los hechos impactaron la política de Washington durante décadas. Se tomó la decisión de lanzar la guerra contra el terror. Se puso nombre y apellido al "Eje del Mal" (del cual Irán ya formaba parte desde entonces), y se puso en marcha la intervención en Afganistán y luego la de Irak, además de la captura en muy distintas partes del mundo, de quienes eran considerados terroristas activos o en potencia.
6. Mucho podemos decir acerca de esas guerras. Pero lo más relevante es que el terrorismo no terminó; mutó. Bin Laden fue asesinado en 2011, pero Al Qaeda sobrevivió. Una de sus escisiones, ISIS, llegó a conquistar (catorce años después del 2001), la mitad de Siria y una tercera parte de Irak, y expandió sus actividades a través de filiales y células en cerca de 30 países del globo.
7. Además, el terrorismo evolucionó con los medios a través de los cuales se propaga. La llegada de los teléfonos móviles, el streaming en vivo y las redes sociales, solo ofreció mecanismos para aumentar los efectos psicosociales de atentados que producían ya muchos menos daños materiales (como el secuestro de rehenes en un café, o el uso de una camioneta para atropellar personas) y muchas menos muertes que los atentados del 9/11, y que, sin embargo, dejaban la sensación de que organizaciones como ISIS eran omnipresentes y omnipotentes. Esas organizaciones aprendieron a radicalizar en línea, a reclutar individuos en línea, capacitarlos y dirigirlos en línea para la comisión de nuevos tipos de atentados. Grupos enteros que antes estaban afiliados a Al Qaeda ahora se afiliaban a ISIS por su atractivo y mercadeo. El Estado Islámico no era ya una aspiración, como en la jihad de Al Qaeda. El Estado Islámico ya existía. Tenía territorio, gobierno, población e incluso su propia moneda acuñada según las leyes islámicas.
8. Hay mucho más que decir. Solo comentar que para el 2021, cuando EEUU se retiró de Afganistán y regresaron los talibanes al poder, se cometían muchos más atentados terroristas en decenas de países del mundo que veinte años atrás. Hoy los retos en ese rubro siguen siendo enormes. Una de las filiales de Al Qaeda, JNIM, es uno de los grupos más letales que existen y sus operaciones rebasan las fronteras de varios países. ISIS no tiene el tamaño de la década previa, pero sigue siendo una amenaza para cientos de miles de personas.
9. El 9/11 por tanto tiene que pensarse desde el pasado, pero también desde el presente. Desde los aprendizajes de cómo se combate y cómo no se combate al terrorismo. El fenómeno, que no es solo el del terrorismo islámico, sino que tiene muchas otras dimensiones como el terrorismo de extrema derecha, o actualmente, el terrorismo de motivaciones híbridas o difusas, no ocupa las primeras planas desde hace tiempo pues hay muchos otros temas en los reflectores, pero ello no implica que estamos cerca de resolverlo.
Mi despedida de El Universal, mi artículo de hoy
“Obama: Del Yes we Can al arte de lo posible” fue el título de mi primer artículo publicado en este periódico. Tenía yo tantas cosas que decir sobre lo que pasaba en el mundo, y tan pocos lugares en donde expresarlas, que la oportunidad se me presentaba tan inesperada como increíble. ¿Quién era yo, después de todo? ¿Por qué las opiniones de alguien como yo podían merecer un espacio en un diario como este? Un espacio que, al menos en ese momento, como parte de una generación formada entre noticias en la prensa, la televisión y el radio, y que difícilmente entendía aún el poder de las redes sociales, consideraba yo como inalcanzable. Y, sin embargo, acá estaba una puerta abierta: un correo que me escribía Ricardo Raphael, entonces subdirector de Opinión de El Universal, invitándome a colaborar con temas internacionales: “¿Por qué no empezamos por una pieza?”, me decía.
De ahí en adelante, no me queda claro cómo se fue el tiempo. Se me vienen encima los eventos de la última década y media. Las toneladas de tinta. La velocidad con la que me obligaba a escribir los cientos de palabras para estar al día con lo que ocurría durante esos años. Ahí estuvimos con los análisis de las manifestaciones de la Primavera Árabe: Túnez, Egipto, Yemen, Libia y todos los demás. Ahí estuvimos cuando las protestas en Siria se tornaron guerra civil y cuando la guerra civil se tornó en guerra transnacional e internacional; cuando Bin Laden fue eliminado por Washington. Estuvimos con cada conmemoración de los atentados del 9/11. También cuando el terrorismo mutó, se desplazó, se extendió y golpeó de múltiples formas a miles de víctimas en países cuyos nombres difícilmente llegan a planas como estas. Cuando Al Qaeda en Irak se transformaba en ISIS y cuando ISIS conquistaba territorio en su región, y mentes y banderas por todo el planeta. Estuvimos ahí cuando Obama prometió el repliegue de Afganistán, también cuando no lo logró y también cuando a Biden se le salió de las manos la partida. Estuvimos ahí cuando los talibanes regresaron al poder.
Estuvimos cuando Trump prometió ganar la presidencia de su país y cuando nadie le creía; luego, cuando ganó; luego, cuando se fue sin quererse ir, y luego cuando volvió.
Estuvimos cuando la cooperación entre las superpotencias se tornó en rivalidad y confrontación, cuando su comunicación se rompió, cuando se movieron las alianzas, y cuando Rusia optó por invadir a Ucrania, la primera vez en 2014 y la segunda en 2022. Estuvimos en todas las fases en las que la guerra en esa zona del mundo se fue desarrollando. En las conquistas rusas, en las contraofensivas ucranianas, en la guerra de trincheras, tropas y tanques, y también en la guerra de misiles y drones, en las escaladas reales y en las retóricas, en las guerras de nervios. En los lamentos europeos por sentirse dormidos durante años. Estuvimos en sus “despertares”, como ellos los llamaban, en sus gastos militares aumentados, en la expansión de la OTAN y en la creciente falta de confianza en un orden internacional basado en leyes e instituciones que ya consideraban insuficiente para garantizar su seguridad.
Escribimos sobre la paz global, monitoreando, año con año, su deterioro, y especialmente su desigual distribución a nivel planetario. Intentamos, sin siempre lograrlo, hablar de varios de aquellos sitios en donde todo esto era manifiesto. Escribimos también en estas páginas sobre los choques entre Hamás e Israel en 2012, en 2014 y con todas sus intermitencias posteriores hasta culminar con el 2023 y todo lo que sobrevino. Escribimos sobre Sudán, sobre Etiopía, sobre el Congo y el Sahel. Escribimos sobre Venezuela, Colombia, Argentina, Chile, Bolivia, Cuba, Haití y Perú. Escribimos sobre la guerra de baja intensidad entre Israel e Irán que fue creciendo con los años, y ahí estuvimos también en la evolución de esa confrontación, en los detalles del proyecto nuclear y el acuerdo firmado por Obama, Irán y seis potencias más. Estuvimos cuando Trump decidió abandonar el pacto, también en cada una de las negociaciones posteriores. Estuvimos cuando todo escaló hacia distintas versiones de la guerra que hoy sigue sin terminar.
Escribí desde Hiroshima sobre Asia y Japón. Sobre la impresión de observar el crecimiento postraumático colectivo que alcanzaba a apreciar en esa sociedad. Sobre los deseos de tantos millones de que nada similar a las explosiones nucleares que ellos habían padecido pudiese volver a ocurrir. Escribí también, sin embargo, acerca de la cada vez mayor cantidad de personas menos confiadas en que ese era el camino correcto. Y que, así como sucedía en tantas otras partes del mundo, el orden internacional se percibía insuficiente, y Estados Unidos indispuesto a garantizar la seguridad de un país rodeado por tres estados nucleares.
Ahí estuvimos también cuando Kim partió, y cuando el joven Kim, su hijo, llegó. Estuvimos en cada una de sus pruebas nucleares y en sus ensayos con misiles. Estuvimos cuando Trump decidió cambiar las amenazas de “Fuego y Furia” por el diálogo y la negociación con el líder norcoreano. Estuvimos cuando esas negociaciones fracasaron. Estuvimos cuando Kim desapareció durante semanas y también cuando reapareció.
Estuvimos en la pandemia. Escribimos sobre los múltiples impactos geopolíticos que veíamos mientras el mundo parecía entrar en pausa. Pero también escribí cuando colapsé ante aquel reportaje sobre Bérgamo, Italia; cuando supe que el personal médico, seres humanos como cada uno de nosotros, tenían que negar camas a adultos mayores para salvar a personas más jóvenes, y, por tanto, decidir quién de las personas contagiadas vivía y quién no, como solo sucedía en las series, películas o novelas de ficción.
Esta frustración, también me llevó a escribir, ocasionalmente, desde un lugar diferente. Desde el tomar conciencia de que cada vez que escribíamos sobre todos esos temas, estábamos, al final, contando historias de personas de carne y hueso. Historias de seres humanos concretos, que nosotros simplemente transformábamos en abstracciones conceptuales o en cifras, o en temas de seguridad.
Escribimos de México y siempre desde México. Sobre la evolución de la falta de paz en nuestro país. Sobre el miedo y los efectos psicosociales por la violencia. Sobre la necesidad de movernos del discurso de aquellos años de “guerra contra el narco” hacia un discurso de construcción de paz estructural que incluía, pero no se limitaba a, la reducción de todas las violencias. Escribimos sobre las marchas del Yo soy 132, las protestas por los 43, sobre y desde los puños levantados en el 2017.
Escribí de todo eso y de tanto más, que no me cabe el espacio en la cabeza. Escribí en el impreso. Escribí en mi blog “Arenas Movedizas”. Escribí en el online. Escribí en las páginas de Mundo. Escribí y escribí, y hoy, por otros proyectos, dejo de escribir en las páginas que me abrieron la puerta cuando yo sentía que no era nada ni nadie, y cuando sentía que no merecía escribir.
Y tal vez toda esta reflexión me lleva justo a eso. De regreso a casa. Acá, a la tierra de donde somos. Para recordarme que usualmente no somos nada, o somos poca cosa, sin las relaciones que nos hacen conectar, las que nos abren puertas y nos ayudan a trazar caminos. Somos muy poca cosa sin las personas que nos miran a los ojos y nos regalan su sonrisa de vez en vez. Y que así, de vez en vez, confían en que quizás, en otro mundo o universo, de pronto, una pluma tiene alguna historia escondida que merece la pena ser escuchada.
Para mí, El Universal, desde aquel primer día en 2010 hasta este en que parto, está lleno de esas personas: personas que se han ido retirando con el tiempo y personas que siguen ahí trabajando cada día, que me han visto a los ojos para ofrecerme caminos y oportunidades. No he sido sin ustedes nada, durante todos estos años. No tengo palabras para agradecer a cada una y uno de ustedes y a la organización entera lo que han significado en mi carrera. Nos volveremos a encontrar.
El Día D económico contra Irán: causas, posibles respuestas y factores a observar, mi artículo en El Universal
Ha llegado el Día D Económico, la nueva alternativa que Washington encontró para intentar doblegar a Irán, después de que sus otras opciones han sido insuficientes no solo para hacer que el régimen iraní colapse, sino para impactar su cálculo en temas centrales como sus proyectos nuclear y de misiles o, a partir de esta nueva guerra, el Estrecho de Ormuz. Al establecer estas nuevas medidas, EU reconoce que prefiere no reanudar las hostilidades a gran escala y que, en cambio, apuesta por medidas quirúrgicamente diseñadas para golpear aún más a una ya muy afectada economía iraní. La apuesta central, por tanto, está en producir presiones políticas internas en Irán. Bajo esa teoría, esta presión generada desde adentro sería la que terminaría por “aplastar al régimen”, en palabras de funcionarios de EU, o bien, al menos, forzar negociaciones que hasta ahora han sido incapaces de garantizar siquiera la apertura del corredor por donde, hasta antes de la guerra, pasaba el 20% de la energía mundial. ¿Qué hay detrás de la decisión de Trump, qué respuestas podemos esperar por parte de Irán, y de qué factores depende la eficacia de la nueva estrategia estadounidense?
1. Primero que nada, es importante regresar al punto en donde este último capítulo de la confrontación entre Washington y Teherán inició. Hacia fines de diciembre de 2025 e inicios de 2026, Irán experimentó las manifestaciones más numerosas y extendidas de las que tengamos registro desde la fundación de la República Islámica. Irán vivía una multicrisis simultánea: el colapso de su moneda, el cierre de negocios, una crisis de agua, una crisis de energía y todo ello bajo el contexto de una crisis de legitimidad que llevaba muchos años construyéndose.
2. Ese es el punto en el que Trump afirmó que Washington estaba lista para defender a los ciudadanos iraníes y que EU atacaría al régimen si éste asesinaba manifestantes, como lo había hecho en otras ocasiones. “La ayuda va en camino”, declaró el presidente.
3. La historia posterior es ya conocida. Las metas de Trump pasaron velozmente de producir un colapso del régimen o generar—como se había logrado en Venezuela unas semanas atrás—condiciones para que emergiera un nuevo gobierno dócil y colaborativo con Washington, hacia metas más acotadas, como afectar los proyectos nuclear, de misiles y drones iraníes, o eliminar la aviación y la fuerza naval de Irán. Posteriormente, se anunciaba que solo bastaba con negociar el proyecto nuclear de manera suficiente como para que Irán no produjera nunca una bomba atómica. Y luego, el foco se trasladó casi exclusivamente a la apertura del Estrecho de Ormuz, la nueva arma que el régimen iraní encontró para pelear eficazmente su guerra asimétrica contra Washington.
4. Lo que tenemos que entender, sin embargo, es que ninguno de esos objetivos ha sido conseguido ni por la vía de una guerra a gran escala, ni por la vía de un bloqueo naval de los puertos iraníes, ni tampoco por la vía diplomática. Lo que se ha producido, en cambio, es un endurecimiento y una solidificación de un régimen que desconfía brutalmente de Trump y de lo que Israel y EU puedan hacer en el futuro. Y desde la visión de este sector más endurecido del régimen, esta guerra continuará por mucho tiempo más, por lo que no hay alternativa sino seguir preparándose para más enfrentamientos.
5. No obstante, si hacemos un análisis de toda esta historia, el punto más débil en el que el régimen llegó a ubicarse, los momentos que de verdad lo pusieron a temblar y lo pusieron en verdadero riesgo de sobrevivir, fueron las protestas masivas del pasado enero. La guerra produjo el efecto contrario. A pesar del asesinato del líder supremo y de todo su círculo, y de buena parte de los mandos iraníes, la verdad es que el enemigo externo terminó por solidificar el control del régimen.
6. La apuesta estadounidense, por tanto, es esta: si se estructura un nuevo esquema de sanciones que golpee no tanto a Irán, sino a todo el ecosistema que permite que Irán sobreviva económicamente, las nuevas afectaciones serán tales que no habrá forma de que no se produzcan nuevamente presiones políticas internas. Primero, entre los distintos sectores de la dirigencia iraní; y segundo, entre la propia población. Bajo esa lógica, estas presiones son las que harán el trabajo que no han conseguido hacer Washington e Israel. El elemento central serán las sanciones secundarias contra terceros países y empresas que hoy hacen negocios con Irán.
Algunos factores que deberemos estar observando
1. Primer factor: será necesario observar lo que Irán hará como respuesta ante las sanciones. Hasta ahora, la táctica central empleada por Irán para su defensa ha sido lo que se conoce como “triangulación coercitiva”, es decir, hacer pagar a terceros países por los golpes efectuados contra Teherán y conseguir con ello elevar el costo de las acciones de Washington e Israel. Una especie de “me atacan a mí, y yo ataco a todos los que pueda”. Esta táctica ha sido eficaz para producir múltiples efectos psicológicos y simbólicos, pero también financieros, económicos y, por tanto, políticos, no solo en la región, sino incluso en el seno de la sociedad estadounidense—muy mayoritariamente opuesta a esta guerra—en pleno año electoral.
Así que es probable que Irán mantenga ese guion y que sus respuestas incluyan un incremento de sus ataques contra países de la región, o incluso más allá de la zona, contra infraestructura energética y contra embarcaciones, con tal de seguir provocando disrupciones a la economía global.
2. Segundo factor: Irán podría intentar traducir la decisión de Washington de trasladar el enfrentamiento hacia la arena económica, regresándolo justamente de vuelta a la arena militar, una arena en la que EU por ahora se siente incómodo. No olvidemos que Irán está leyendo con claridad las señales de que Washington no desea continuar las hostilidades. No solo se trata de declaraciones, sino de los múltiples reportes que hablan de cómo el arsenal estadounidense y su capacidad defensiva se han estrechado, de casos como la crisis de salud mental en el portaaviones Lincoln, o ahora mismo, de la decisión de cancelar ejercicios militares anfibios con Corea del Sur alegando limitaciones de recursos derivadas de su guerra en Medio Oriente. Pero lo más importante de todo es que Irán ha entendido y jugado con la poca tolerancia que tiene no solo Trump, sino la mayor parte de la sociedad estadounidense para resistir un conflicto prolongado. Regresar el foco hacia el campo de las hostilidades sería seguir manipulando los eventos con el propósito de generar presiones sobre Trump.
3. Tercer factor: la forma como reaccionarán terceros países, especialmente China, que es el principal cliente de Irán. En el pasado, Beijing ha optado muchas veces por desconocer o evadir las sanciones contra Teherán. Pero, especialmente hace unos meses, Xi ordenó a las empresas chinas ignorar las sanciones estadounidenses contra Teherán. Por tanto, si ahora Beijing fuese objeto directo de sanciones secundarias por parte de Washington, Xi tiene múltiples vías para responder. Esto podría terminar afectando las relaciones entre ambas superpotencias justo cuando están buscando administrarlas. Sin embargo, también hay que considerar que Xi podría optar por esperar, usando sus reservas energéticas y reduciendo por ahora sus compras de petróleo iraní.
4. Cuarto factor: la evasión de sanciones. A pesar de que EU anuncia que habrá un monitoreo sin igual contra la “flota fantasma” de Irán, hoy en día asumir que las sanciones tienen efectos absolutos solo por su implementación o por los anuncios que se hacen es entender solo una parte de la historia. Las vías que Irán, y muchos otros países, han desarrollado para evadir sanciones son múltiples, sofisticadas, y, por lo pronto, atenuarán el impacto de las mismas, aunque desconocemos los posibles efectos en el largo plazo.
5. Al final, la pregunta que deberá orientar el análisis es hasta qué punto el balance entre las afectaciones que Irán reciba y los costos que Irán consiga elevar terminará o no por impactar el cálculo y la toma de decisiones, sobre todo de la línea más dura en Teherán, aquellos que realmente detentan el poder en el país. Esto dependerá no solo de qué tanto se pudiera prolongar la situación y el deterioro de la economía iraní, sino de qué tanto el régimen sea capaz de contener las presiones sociales y políticas que se producirán vis-à-vis qué tanto pueda Trump tolerar y sostener políticamente los costos de sus decisiones, que seguramente también se seguirán incrementando con el tiempo. Tendremos que seguirlo observando.
Corea del Norte: ¿Por qué Kim llega fortalecido a un nuevo posible diálogo con Trump? MI artículo en El Universal
Hace un par de años compartí extractos de un texto del Wall Street Journal, titulado “Mientras el mundo miraba hacia otros lados, Corea del Norte se volvió una mayor amenaza”. El WSJ afirmaba que Kim Jong-un seguía impulsando el desarrollo de un arsenal nuclear más avanzado y amenazante, abandonando la esperanza de reunificación con Corea del Sur y fortaleciendo sus lazos con Rusia. Sus lanzamientos de misiles, incluido por esos días un misil balístico intercontinental (ICBM), y su acercamiento a Putin reflejaban una estrategia más agresiva y menos predecible. Según otros reportes, la administración Biden ya estaba preocupada por la creciente alianza militar entre Putin y el líder norcoreano, una alianza que podría expandir significativamente las capacidades nucleares de Corea del Norte y aumentar las tensiones en la región Asia-Pacífico. De manera que la participación de militares norcoreanos en la guerra entre Rusia y Ucrania se tenía que analizar no solo desde su impacto en ese conflicto, sino también desde sus efectos en Asia. Corramos la película hacia este 2026 y nos encontramos con que Trump parece estar buscando un nuevo acercamiento con Pyongyang y que, por lo pronto, ha reducido considerablemente la escala de sus ejercicios militares anuales conjuntos con Corea del Sur. Lo que pasa es que la respuesta de Kim, hasta el momento de este escrito, ha sido la realización de nuevos lanzamientos de misiles balísticos este 20 de agosto. Así que vale la pena regresar al contexto de la situación, los efectos de la cooperación Pyongyang-Moscú, y la forma como Washington está siendo percibida en esa zona.
Antecedentes de contexto
1. En el fondo, la situación en la península coreana permanece irresuelta y en deterioro. Las decenas de pruebas con misiles que ha lanzado Pyongyang en los últimos años son, en cierto sentido, una especie de intento por recordarlo. A estos ensayos debemos sumar decisiones como declarar definitivamente a Corea del Sur como un país enemigo y abandonar cualquier esfuerzo por la reunificación negociada, además de brotes ocasionales de intercambio de fuego en la península.
2. Hay que recordar que Corea del Norte es un país que se autopercibe bajo constante amenaza de desaparecer, más aún tras el fin de la Guerra Fría o cuando, en 2002, fue incluido como parte del “Eje del Mal” por Bush. Por consiguiente, la lógica primaria que mueve las acciones del régimen tiene que ver con garantizar su propia supervivencia y asegurar el pleno control del país. Desde su óptica, la capacidad nuclear otorga a Pyongyang la herramienta disuasiva necesaria para impedir ser atacada y para conseguir un trato distinto por parte de enemigos y aliados. Para mantener e incrementar ese poder disuasivo, Corea del Norte necesita continuar demostrando que tanto su programa nuclear como su programa de misiles siguen avanzando.
3. Durante la gestión previa de Trump, primero transcurrió un año de altísimas tensiones y de amenazas de “Fuego y Furia” por parte del presidente estadounidense. Ese fue también el año de su última detonación nuclear. Luego, sin embargo, en 2018 sobrevino un importante acercamiento entre las Coreas y entre Pyongyang y Washington. No obstante, el diálogo entre Kim y Trump terminó fracasando en 2019.
4. El acercamiento de 2018-2019. Mientras que para Trump el acercamiento de Kim era producto de sus tácticas de presión, Kim sentía que era su posición de fuerza la que había orillado a Trump a negociar. Es probable que, en realidad, la retórica exaltada y las amenazas de Trump, en combinación con su aparente disposición al uso de la fuerza, no detuvieron, sino que aceleraron el progreso del programa nuclear y el programa de misiles de Corea del Norte, que alcanzaron en 2017 niveles que no habíamos apreciado hasta entonces. Ese año, Pyongyang demostró que contaba ya con (a) bombas atómicas al menos 10 veces más potentes que las previamente detonadas, (b) la capacidad de miniaturizarlas y montarlas en misiles balísticos intercontinentales, y © la capacidad de hacer llegar esos misiles a territorio continental estadounidense.
Si bien había opiniones serias que indicaban que el proyecto nuclear de Pyongyang aún estaba incompleto y requería de ajustes, lo que quedaba claro es que su posibilidad de emplearlo como herramienta disuasiva se transformaba también en una poderosa arma para negociar sus intereses. Por consiguiente, más que un joven derrotado por las estrategias y las amenazas de Trump, aquel proceso de diálogo exhibía a un líder que sentía que, gracias a sus avanzadas capacidades nucleares, podía desplegar posturas de negociación mucho más firmes que en el pasado.
5. Asimismo, para Kim era indispensable reducir la brecha entre cómo él entendía la “desnuclearización de la península” y cómo la entendía la Casa Blanca. Mientras que Trump pensaba que se trataba de eliminar la capacidad nuclear de Pyongyang exclusivamente, Kim visualizaba un esquema que incluía eliminar todas las amenazas que hoy pesan en contra de su país, lo que contemplaba, por supuesto, reducir al mínimo la presencia militar de Washington en la zona.
6. El fracaso del diálogo en 2019. Esta brecha provocó que, más allá de las fotografías, las declaraciones e incluso los continuados intentos para que el diálogo avanzara, las conversaciones se estancaran.
Acercamiento Corea del Norte-Rusia
Posteriormente, la guerra en Ucrania llevó a Rusia a transformar de manera importante su aproximación hacia Corea del Norte. De haber cooperado en el pasado con Occidente para contener el proyecto nuclear de Pyongyang, Moscú pasó a niveles de colaboración sin precedentes, impulsados por sus necesidades de armamento y personal militar, hasta culminar en un acuerdo de cooperación militar firmado en 2024 entre ambos países. La participación de tropas norcoreanas en la guerra contra Ucrania exhibía una nueva dimensión de la internacionalización del conflicto, ya no limitada al suministro de armas, entrenamiento o respaldo económico, sino caracterizada por la intervención activa de terceros países. Tácticamente, estas fuerzas permitieron a Rusia defender la región de Kursk frente a los despliegues de Kiev sin tener que replegar tropas del este ucraniano. Pero, estratégicamente, su incorporación a la guerra representó apenas una medida adicional dentro de una cooperación que, como ya lo sabemos, ha seguido creciendo y que ha favorecido a Moscú tanto en la guerra como ante una eventual negociación.
Pero el tema no ha sido únicamente la guerra que transcurre en Europa. Para Kim, las necesidades rusas representaban una enorme ventaja para los temas que a él más le interesan. El fracaso del acercamiento con Trump dejó el asunto de las Coreas ocluido por otros temas, pero el proyecto nuclear y de misiles norcoreano ha continuado avanzando y es ya una realidad material difícil de revertir. Así, la alianza con Moscú no solo podría comprometer a Rusia a respaldar a Pyongyang en caso de un conflicto en la península coreana, sino que ha abierto las puertas a la cooperación en sus proyectos nuclear y de misiles, la capacitación de sus tropas y el acceso a experiencia en tecnologías militares como los drones. A ello se suma un efecto mediático que no es menor: la cercanía con Rusia volvió a colocar a Kim en el centro de la atención internacional y le permitió comunicar que Corea del Norte sigue avanzando para negociar desde una posición de fuerza. Todo esto tiene implicaciones para cualquier negociación que pudiera activar Trump en este momento.
De vuelta al presente
1. Quizás el punto del que tenemos que partir hacia 2026 es que, comparativamente con 2018, la posición de EU se encuentra debilitada y la de Pyongyang, en cambio, fortalecida.
2. Del lado de Washington, su guerra con Irán ha exhibido importantes debilidades. Primero, por un comportamiento errático y una deficiente planeación estratégica. Segundo, por su vulnerabilidad ante tácticas de combate asimétrico. Tercero, por las fracturas en sus principales alianzas que han sido ventiladas. Cuarto, por el agotamiento de su arsenal y la percepción de su incapacidad de aplicar la fuerza en múltiples arenas al mismo tiempo. Por último, y no menor, por la falta de tolerancia que exhibe buena parte de su sociedad y de sus cuadros políticos ante un conflicto armado prolongado.
3. Mientras tanto, los lazos de cooperación militar y tecnológica de Corea del Norte con Rusia, incluida su experiencia ganada en combate y con el uso de drones, fortalecen, como dijimos, su posición en su propia región. Además de Rusia, Pyongyang coopera con Irán y sus aliados en múltiples frentes, que van desde mecanismos para la evasión de sanciones hasta tecnología de misiles, drones y tecnología nuclear. Por último, la propia posición de fuerza de Kim es evaluada también desde Beijing. El 8 y 9 de junio de 2026, Xi Jinping viajó a Pyongyang y se reunió con Kim Jong-un. Fue la primera visita de Xi a Corea del Norte en casi siete años y uno de los objetivos de Xi fue reafirmar la influencia china sobre Pyongyang, precisamente cuando Moscú ha adquirido una posición mucho más importante para Kim.
Este es el punto en el que Trump está mostrando señales de querer volver a negociar con Pyongyang y en que decide reducir la escala de sus ejercicios militares conjuntos con Seúl. Lo que resulte de esta posible aproximación tiene que evaluarse bajo el contexto que describo. De eso, y de los prospectos para algún acuerdo, hablaremos posteriormente.
El nuevo eje de seguridad Arabia Saudita-Turquía-Pakistán que conecta Medio Oriente con el sur Asia, mi artículo en El Universal.
Trump afirma que está muy contento por la nueva asociación de defensa pactada por Arabia Saudita, Pakistán y Turquía pues ese acuerdo muestra que el “Medio Oriente se está uniendo” y que “los países finalmente podrán defenderse de una manera más efectiva”. Sin embargo, las implicaciones de un pacto como ese son enormes y van bastante más allá de Medio Oriente. Un ángulo de este acuerdo de defensa mutua, sin duda, tiene que ver con la forma como Arabia Saudita está percibiendo su propio rol en la región. En otro plano está la desconfianza que los actores están teniendo de EU, su aliado tradicional, tanto por razones de capacidad como por la volatilidad que Washington ha exhibido durante años, y la necesidad que, por tanto, están mostrando de buscar alternativas estratégicas para su seguridad. Pero hay otro plano que tiene que ver con el triángulo China-India-Pakistán que también vale la pena analizar. Unas notas al respecto.
1. Lo primero que debemos resaltar es que no hay, hasta ahora, señales de que Turquía, Pakistán y Arabia Saudita estén estableciendo una especie de “mini OTAN” con la capacidad material, y probablemente tampoco la voluntad política, de hacer que verdaderamente un ataque a uno de los tres equivalga a un ataque contra todos ellos. Para muestra, basta señalar que Pakistán y Arabia Saudita ya contaban con un pacto de defensa mutua y, sin embargo, cuando el reino saudí recibió los ataques de Irán hace algunas semanas, como parte de la respuesta de Teherán ante la guerra en su contra iniciada por Washington e Israel, la reacción de Pakistán en su defensa fue francamente limitada. En todo caso, lo que hace Islamabad, tanto por sus propios intereses como empujado por el príncipe saudí Bin Salman, es participar activamente en la mediación del conflicto.
2. No obstante, lo que sí estamos viendo es una Arabia Saudita mostrando una mayor disposición a tener un rol militar más activo en la región. Sus bombardeos contra las milicias proiraníes ubicadas en Irak y sus ataques contra los houthies de Yemen así lo muestran.
3. Pero quizás el momento clave es cuando los houthies amenazan la exportación petrolera saudí atacando embarcaciones de ese país en el Mar Rojo. El reino está enfrentando simultáneamente riesgos en sus dos grandes corredores marítimos: el estrecho de Ormuz, al este, y Bab el-Mandeb, al oeste. El temor de Riad es quedar estratégicamente atrapada si Irán y sus aliados pueden afectar ambos accesos, poniendo en riesgo sus exportaciones de petróleo y otras infraestructuras críticas.
4. Por tanto, Arabia Saudita busca convertirse en un actor de seguridad regional más autónomo, y lo hace expandiendo una alianza militar que ya existía. Al final, para Riad, el tema mayor no es solo una alianza con Turquía y Pakistán, sino una iniciativa que incluye a más países—por ahora justamente esos dos, pero también Egipto, Bahréin, Qatar y Kuwait, entre otros—a fin de crear una fuerza multinacional que proteja el Mar Rojo, Bab el-Mandeb y el golfo de Adén. Lo que vemos es un intento de liderar una arquitectura de seguridad regional sin depender exclusivamente de Estados Unidos. Aunque todavía es una iniciativa incipiente y enfrenta rivalidades entre los países participantes, refleja la aspiración saudí de asumir un papel más central en la seguridad de Medio Oriente.
5. No obstante, como dije, este tema va mucho más allá de Medio Oriente. Trasladémonos por un instante a la región de Asia del Sur. Podemos observar que el ya delicado triángulo nuclear entre China, India y Pakistán adquiere una nueva dimensión a raíz del pacto de defensa firmado entre Pakistán, Turquía y Arabia Saudita. Como señalamos arriba, el acuerdo establece que un ataque armado contra cualquiera de los tres será considerado un ataque contra los otros dos. Para India, por consiguiente, el pacto introduce una nueva variable en un entorno estratégico que ya estaba marcado por disputas territoriales, rivalidades militares y armas nucleares.
6. En el fondo, al margen de la capacidad material operativa de la cláusula de defensa mutua—por ejemplo, en un caso potencial en el que las hostilidades entre India y Pakistán se reanudasen, como ocurrió el año pasado—el nuevo pacto con Turquía y Arabia Saudita otorga a Islamabad una dimensión que antes era más limitada: a los recursos financieros saudíes debemos sumar la tecnología militar turca, que ahora se añaden a la capacidad nuclear pakistaní. Aunque el tratado se define como defensivo, su mera existencia modifica los cálculos de India.
7. A esa ecuación necesitamos añadir el factor Beijing. India tiene que pensar simultáneamente en China y Pakistán, dos países con los que mantiene disputas territoriales y conflictos militares. Esto convierte al sur de Asia en un caso particularmente complejo de disuasión nuclear: una crisis entre dos actores puede modificar inmediatamente los cálculos del tercero.
8. No obstante, para China, el nuevo escenario puede resultar menos problemático que para India, ya que Beijing mantiene una relación estratégica particularmente estrecha con Pakistán y desde hace décadas utiliza esa relación como uno de los mecanismos para equilibrar el poder indio. Si Pakistán obtiene mayor respaldo financiero saudí y tecnología militar turca, argumenta Razdan en el South China Morning Post, su posición frente a India puede fortalecerse sin que China tenga necesariamente que asumir todos los costos de ese apoyo.
9. Dicho eso, la principal consecuencia está en el incremento de variables en torno a los temas, ya de por sí muy delicados, de seguridad existentes: se vuelve más difícil predecir cómo terminaría una posible crisis. Si India y Pakistán vuelven a enfrentarse militarmente, Nueva Delhi tendrá que considerar no solo la respuesta de Islamabad, sino también la posición de Turquía y Arabia Saudita—y potencialmente de otros miembros que se sumen al pacto de defensa, como Egipto—mientras Beijing seguirá observando y calculando sus propios intereses. Cuantos más actores y compromisos de seguridad entren en el escenario, mayor es el riesgo de errores de cálculo y de escalada.
10. Acá, entonces, la reflexión de fondo es múltiple. De un lado, podemos ver las muy distintas repercusiones de un sistema internacional cada vez más anárquico, en el que el orden y las instituciones multilaterales se encuentran realmente erosionados y, por tanto, las decisiones de seguridad de los distintos Estados tienen que calcular ese entorno anárquico en el que todos se están moviendo. Por otro lado, está la volatilidad con la que EU está siendo percibido y la desconfianza que se produce tras su conducta de los últimos años. Por último, y una vez más, la interconectividad de muy distintas arenas de conflictos activos o potenciales es cada vez mayor. Y así como lo vemos en cuanto a cómo la guerra Rusia-Ucrania se conecta con los conflictos de Medio Oriente, ahora vemos materializarse una conexión entre lo que ocurre en esa región y los conflictos del sur de Asia.
Groenlandia otra vez: recursos, poder y geopolítica, ¿qué hay en juego? MI artículo en El Universal
Este fin de semana, The Guardian reportó que una empresa petrolera estadounidense de Texas, Greenland Energy Company, vinculada a personas cercanas al entorno político de Donald Trump, está avanzando con planes para perforar en Jameson Land, en el este de Groenlandia, pese a que todavía no cuenta con la autorización definitiva de las autoridades groenlandesas. La compañía afirma que podría existir allí una enorme reserva de petróleo y pretende realizar perforaciones exploratorias con una inversión de unos 60 millones de dólares. Esto llevó al gobierno de Groenlandia a emitir una “fuerte advertencia”, indica The Guardian, señalando que no se había otorgado ninguna autorización para desembarcar el equipo. “Cualquier asunto logístico futuro deberá ser notificado y aprobado por la autoridad de recursos minerales antes de llevarse a cabo”, declaró el gobierno en un comunicado. Las intenciones de Greenland Energy ya habían sido reportadas desde abril por Danwatch, una organización periodística danesa. Pero, dados los vínculos de los promotores de este proyecto con el círculo de Trump, es imposible desligar estos hechos de las metas de ese presidente por hacerse de Groenlandia. Apenas el 1 de agosto, siete días antes del reporte de The Guardian, durante una entrevista con Steve Gruber, el presentador le dijo a Trump que él predecía que, antes de que Trump terminara su mandato, Groenlandia estaría bajo control estadounidense. Trump respondió: “Estarías en lo correcto”. Y añadió que Groenlandia es importante “desde nuestro punto de vista” y que el entrevistador debería “apostar por ello”. El tema importa por los recursos, pero también por toda la rivalidad geopolítica que alrededor de ese territorio se proyecta. Unas notas al respecto:
1. El contexto mayor es, por un lado, la erosión del orden internacional basado en instituciones y leyes, tema del que ya acá hemos comentado mucho. Esto, en medio de una competencia global por el dominio de la inteligencia artificial, y por el dominio de recursos, minerales, rutas y posiciones geográficas que resultan clave para la carrera tecnológica y para industrias como la militar. Es en este entorno, cada vez más anárquico, que vemos a EU bajo Trump (al igual que ha sucedido con otros países) como un elemento disruptivo de este orden internacional: por un lado, buscando hacerse de posiciones geoestratégicas; por el otro, hacerse de recursos y, por último, buscando desplazar a Rusia, China y otros rivales de esos espacios.
2. Europa, en teoría, como aliada de EU, no sería blanco de estos planes disruptivos. Pero, dada la relación de Trump con sus aliados, eso ha sido puesto en cuestión ya incluso desde su gestión previa. Groenlandia, como territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca —país miembro de la Unión Europea y de la OTAN—está precisamente en el centro de estas discusiones.
3. Como Siguiente factor de contexto, Groenlandia posee algunos de los mayores depósitos sin explotar de minerales críticos del mundo, incluyendo tierras raras, grafito, galio, cobre, litio y niobio, recursos fundamentales para la transición energética, la industria de semiconductores y la producción de sistemas militares avanzados. Esta riqueza ha convertido a la isla en un objetivo estratégico tanto para Estados Unidos como para la propia Unión Europea, que buscan reducir su dependencia de China, país que domina la minería y, sobre todo, el procesamiento mundial de varios de estos minerales. A pesar de las dificultades técnicas que se presentan para la explotación de estos recursos en un territorio como Groenlandia, y a pesar de que, en todo caso, se trataría de planes a desarrollarse durante varios años, Trump tiene los ojos puestos ahí, como dije, ya incluso desde su gestión previa.
4. La competencia geopolítica gira tanto en torno a los recursos como al control estratégico del Ártico. Es necesario entender que el Ártico es cada vez más un sitio de competencia geopolítica entre las grandes potencias. Ante los deshielos cada vez más frecuentes, se abren nuevas rutas a la navegación, tanto militar como comercial. Esto implica tanto oportunidades —por ejemplo, China está poniendo en marcha una ruta comercial que le permitirá llevar sus productos a Europa evitando zonas como el Mar Rojo o África— como riesgos. Al abrirse nuevas vulnerabilidades geográficas, muchos países buscan garantizar posiciones de defensa para proteger su seguridad. En todos estos factores, Groenlandia resulta crucial.
5. Después de haber comunicado sus intenciones de comprar ese territorio y ante la negativa de Copenhague siquiera a considerarlo, Trump ha declarado que EU debe poseer Groenlandia incluso por la fuerza si fuese necesario, lo que, naturalmente, puso los pelos de punta en Bruselas y ha contribuido al deterioro de las relaciones de EU con Europa.
6. Después de haber elevado las tensiones a su máximo nivel a inicios de este año, actualmente Estados Unidos negocia con Dinamarca y el gobierno autónomo de Groenlandia un acuerdo que le otorgaría mayor acceso militar y buscaría garantizar una mayor presencia económica estadounidense, al tiempo que Washington pretende obtener mecanismos para limitar o bloquear determinadas inversiones chinas y rusas. Mientras tanto, la Unión Europea también ha incrementado su presencia mediante inversiones, asociaciones estratégicas y apoyo financiero a diversos proyectos mineros. Tanto Washington como Bruselas consideran que asegurar el acceso y diversificar las cadenas de suministro de estos minerales es una prioridad de seguridad nacional y económica.
7. Para ser claros, el enorme potencial geológico de Groenlandia contrasta con enormes obstáculos prácticos. La isla cuenta con infraestructura extremadamente limitada, una población de apenas 56,000 habitantes, escasas carreteras, puertos pequeños y elevados costos logísticos. Además, algunos de sus yacimientos contienen uranio, cuya explotación ha estado prohibida por el gobierno groenlandés por razones ambientales. Incluso los depósitos más prometedores presentan concentraciones minerales inferiores a las de minas ya operativas en Australia o Estados Unidos, lo que incrementa considerablemente sus costos de explotación.
8. En todo caso, el escenario más probable que hasta hace poco se proyectaba era un acuerdo que ampliara la presencia estadounidense y limitara la inversión china, sin alterar la soberanía groenlandesa ni eliminar las restricciones ambientales.
9. Esa es la importancia de una nota como la que publica The Guardian, apenas siete días después de las declaraciones de Trump en las que proyecta no una intención de una presencia incrementada pero limitada sobre Groenlandia, sino su intención, una vez más, de poseer el territorio.
Trump podría intervenir en un octavo país: Malí. ¿Qué hay detrás? Mi artículo en El Universal
La administración Trump evalúa opciones militares en Malí, reporta el Washington Post. “Si se aprobara”, dice el diario, “Malí se convertiría en el octavo país de la lista de naciones donde el presidente Donald Trump ha ordenado ataques desde el inicio de su segundo mandato”. En efecto, el Sahel africano es una de las zonas que menos atención reciben, pero es, no obstante, una de las regiones donde se desarrollan varios de los conflictos más complejos del globo ante nuestros ojos. Ahí confluyen, a la vez, fenómenos como jihadismo, insurgencia, crimen organizado y rivalidad entre superpotencias. En este último rubro, Francia y EU han sido virtualmente desplazados de la región a lo largo de los últimos años, mientras Rusia busca defender a los militares golpistas a través de lo que en su momento era el grupo de contratistas militares privados Wagner, hoy renombrado “Africa Corps”. Todo esto ocurre al mismo tiempo que la rama local de Al Qaeda sitia la capital de un país como Malíy expande sus operaciones en la región. Unas notas al respecto:
1. Para contextualizar: el Sahel africano es una de las regiones más afectadas por terrorismo desde hace años. Según el Índice Global de Terrorismo (GTI) 2023, en los 16 años previos, las muertes por terrorismo en la región crecieron más del 2,000 por ciento, un incremento que está muy “lejos de abatirse”. Esto se relaciona con motores esencialmente sistémicos que incluyen “una débil gobernanza, polarización étnica, inseguridad ecológica, abusos por las fuerzas de seguridad de los estados, conflictos pastorales, el crecimiento de la ideología del islam salafista, inestabilidad política, crimen organizado transnacional, inseguridad alimentaria y la competencia geopolítica global” (IEP, 2023). Para 2023, Burkina Faso y Malí se encontraban ya entre los cinco países más golpeados por terrorismo en el mundo. En 2024 y 2025, el GTI corrobora estas tendencias. Este año, el índice coloca a Níger, Burkina Faso y Malí dentro de los cinco países más afectados por terrorismo en el globo.
2. Así, una ola de golpes militares en la región estuvo conectada por dos factores comunes: el primero, la promesa del combate al jihadismo y, el segundo, el desplazamiento de las potencias occidentales —esencialmente Francia y EU— en favor de Rusia.
3. Ya en 2024, el retiro de las tropas estadounidenses de Níger representaba una nueva oportunidad para que Rusia expandiese su influencia en el Sahel. Moscú lo hizo desplegando a los contratistas militares privados del antes llamado Grupo Wagner en la región, a fin de ayudar con entrenamiento militar a los regímenes golpistas y combatir a su lado.
4. Pero la realidad es que tanto el JNIM, afiliado a Al Qaeda, como la “Provincia del Estado Islámico en el Sahel” (ISSP), la filial local de ISIS, han ido aumentando su fuerza e influencia durante los últimos años y ahora controlan grandes extensiones de territorio en toda la zona.
5. El siguiente factor de contexto es el crimen organizado. De acuerdo con el GTI de 2024, existe una conexión evidente entre el efecto del terrorismo y el grado de crimen organizado en esos sitios. La actividad delictiva, la prevalencia de mercados criminales, el contrabando de personas, el tráfico de armas y la presencia de redes criminales establecidas se correlacionan significativamente con el Índice Global de Terrorismo. La correlación es mucho más fuerte en ciertas regiones, precisamente como el Sahel (GTI, 2024).
6. Como ha sido ampliamente documentado, la cooperación entre terrorismo y crimen organizado implica, en un primer nivel, cierto grado de trabajo conjunto para obtener beneficios comunes, pero manteniendo entidades distintas. No obstante, en un nivel superior, hay ocasiones en las que se puede ya hablar de convergencia, es decir, el punto en que tanto grupos terroristas como criminales adoptan los elementos básicos de las operaciones del otro. Esto generalmente implica que los grupos terroristas operan directamente empresas criminales organizadas, pero también podría referirse, en circunstancias más raras, incluso a fusiones.
7. Esta circunstancia de convergencia, se puede apreciar con claridad en el Sahel, revisando el caso de la filial local de Al Qaeda. Según el GTI, esta organización extremista utiliza la violencia de manera estratégica, intensificándola cuando busca expandirse o competir con otros grupos rivales, con el gobierno o con milicias aliadas al gobierno. En áreas donde ejercen mayor control, la violencia tiende a disminuir como parte de una estrategia para obtener apoyo popular. El GTI sostiene que este enfoque está inspirado en Al Qaeda y sus grupos afiliados, los cuales han evolucionado desde la era de Osama bin Laden. Por ejemplo, en áreas centrales de Malí, en las que el JNIM ha consolidado su influencia, el robo de ganado es significativamente menor que en distritos vecinos donde también hay múltiples actores armados compitiendo por el territorio.
8. Dicho todo lo anterior, la realidad hacia 2026 es que la situación en esta región solo tiende a empeorar. Desde que la junta militar tomó el poder en Malí en 2020 prometiendo acabar con la inseguridad, los ataques jihadistas contra ciudades y poblaciones casi se han triplicado, y una nueva alianza entre el grupo jihadista JNIM, vinculado, como dijimos, a Al Qaeda, y los rebeldes tuareg del Frente de Liberación de Azawad ha logrado importantes avances, incluyendo la caída, este mismo año, de una ciudad clave en el norte del país y ataques cada vez más sofisticados con drones.
9. El gobierno golpista de Malí había expulsado a las fuerzas francesas y las había sustituido por los mercenarios rusos, pero estos también han sido acusados de graves abusos contra civiles; de acuerdo con ACLED, el año pasado fueron responsables de 925 muertes de civiles, frente a 232 atribuidas a los grupos islamistas. Mientras tanto, la estrategia militar de la junta no ha logrado recuperar el control territorial. JNIM mantiene, además, una campaña de sabotaje económico y busca nuevamente cercar la capital, Bamako, provocando temor, escasez y aumento de precios. Ante el fracaso de la estrategia militar, algunos analistas consideran que la negociación podría ser la única salida, pero, a pesar de que en ciertos momentos sí se ha intentado conversar con los jihadistas, la junta tiende a resistirse porque dialogar con estos grupos debilitaría la imagen de hombre fuerte de Goïta. Mientras tanto, crece el riesgo de un colapso del gobierno, una expansión de los jihadistas o un enfrentamiento prolongado que provoque muchas más muertes civiles.
10. Este es el contexto en el que la administración Trump parece cada vez más cerca de la decisión de intervenir en un octavo país durante esta gestión. En el fondo, lo que hay que entender es que las estrategias de combate a grupos terroristas y criminales que no atienden las causas estructurales de estos fenómenos solo resultan en su mutación, adaptación y desplazamiento geográfico. Al Qaeda e ISIS, en otras palabras, siguen siendo amenazas, aunque de distinta índole que hace una o dos décadas. Y, tratándose de un presidente que había prometido la “eliminación del terrorismo de la faz de la Tierra”, la sola posibilidad de que una filial de Al Qaeda tome, en pleno 2026, la capital de un país representa un choque frontal contra sus compromisos.
11. Hasta ahora, hay miembros del círculo de Trump que favorecen la intervención, pero también hay quienes se oponen. Estados Unidos, de hecho, ha incrementado su cooperación de inteligencia con Malí, pero cualquier intervención directa implicaría también el riesgo de enfrentamientos o tensiones con las fuerzas rusas presentes en la región. Por otro lado, los ataques contra JNIM podrían resultar en consecuencias indeseadas. La organización rival de JNIM—la filial de ISIS—podría resultar fortalecida, o bien, JNIM podría acercarse más a la estructura central de Al Qaeda.
Todo esto se mantiene en pleno desarrollo mientras los ojos del mundo están puestos en otras regiones. Sin embargo, por sus múltiples repercusiones, tanto para efectos de la región como para la geopolítica global, es importante prestar atención también a lo que acá sucede.
Ceuta: entre la crisis migratoria y el mensaje político, mi artículo en El Universal
Lo ocurrido en Ceuta en los últimos días tiene una dimensión enorme y muy probablemente obedece a una compleja combinación de factores que necesitarán mucha más investigación de la que se puede hacer en tan poco tiempo. Lo que podemos, por lo pronto, es intentar hilar algunos de los posibles componentes y, sí, intentar dimensionar los muchos efectos políticos que este fenómeno ya está produciendo. Unas notas al respecto:
1. Antes, durante y después de cualquier crisis migratoria, tenemos que considerar un amplio contexto que no se limita a este caso, sino al fenómeno migratorio en general. Estamos hablando de los factores estructurales de expulsión y de los factores estructurales de atracción de migrantes. Este tema atraviesa un sinnúmero de elementos económicos, sociales y también políticos que pueden variar de caso en caso.
Ahora mismo, solo por poner un ejemplo, se acaba de publicar el Índice de Paz Global, que demuestra cómo la brecha entre los países más pacíficos—muchos de los cuales se ubican precisamente en Europa—y los menos pacíficos del globo—muchos de los cuales se ubican precisamente en África y Medio Oriente—se sigue ensanchando año con año. En el caso del Norte de África está, por supuesto, el tema de la muy importante desocupación juvenil en una zona del globo poblada mayoritariamente por jóvenes, pero, además, está la frustración colectiva que se produce cuando esos jóvenes sienten que sus países no ofrecen un futuro por el cual vivir.
En fin, es imposible describir todo lo que hay detrás de este fenómeno tan complejo, pero cualquier análisis debe considerar que, bajo un contexto así, basta una chispa que encienda la mecha para que se desaten crisis migratorias como las que se han vivido en distintos momentos.
2. Dicho lo anterior, lo ocurrido en Ceuta en los últimos días no es una migración gradual, sino un evento de proporciones mayúsculas que naturalmente llama toda la atención global y que necesita un análisis más específico. Aproximadamente entre el 30 de julio y el 1 de agosto pasados, decenas de miles de migrantes, en su mayoría marroquíes, ingresaron a nado, aunque también por tierra, al territorio español de Ceuta, ubicado en Marruecos. Las cifras tendrán que clarificarse, pues, dependiendo de la fuente, estamos hablando de entre 40 y 65 mil personas ingresando a un territorio poblado apenas por 85 mil. Esto, obviamente, rebasó a las autoridades españolas, quienes tuvieron que intervenir de manera veloz para contener y revertir el fenómeno.
3. Al momento, se han escrito numerosos análisis para intentar explicar lo ocurrido. Como dije, faltará mucha investigación para poder conocer a fondo lo que hay detrás. Por ahora, quizás lo más adecuado es formular una serie de hipótesis sobre factores que probablemente actuaron de manera combinada y en distintos grados.
4. Estos factores, considerando el contexto estructural que arriba señalo, probablemente incluyen: (a) las noticias esparcidas en redes sociales acerca de que la frontera estaba abierta y de que, debido a un muy reciente fallo del Tribunal Supremo español, las personas que ingresan a ese país por mar no pueden ser devueltas de inmediato; (b) el aprovechamiento de las circunstancias por parte de redes de tráfico de personas; y © ya sea fallas o una relajación deliberada del control fronterizo marroquí.
5. Marruecos niega toda responsabilidad en los hechos, afirma que sus relaciones con España son actualmente muy buenas y que, de hecho, sus autoridades frecuentemente colaboran con Madrid para evitar la migración hacia Ceuta y Melilla (el otro territorio español ubicado en Marruecos). Rabat, por tanto, culpa a las redes de tráfico de personas y a la desinformación en redes sociales.
6. Por otro lado, dado el historial de Marruecos acerca del uso de la migración como herramienta de presión política, hay muchos análisis que sostienen que, en el fondo, sí hubo un intento por parte de Rabat de mandar una serie de mensajes a España y a Europa.
7. Estos análisis se refieren, por ejemplo, al caso de 2021, cuando alrededor de 8 mil migrantes marroquíes ingresaron también en Ceuta, mayormente a nado. En ese momento, sin embargo, Rabat sí hizo mucho más explícita su intencionalidad política, pues estaba protestando por un hecho específico.
8. Nos referimos, como telón de fondo, a la lucha que sostiene desde hace muchas décadas la organización independentista del Sahara Occidental, llamada el Frente Polisario, contra Marruecos, que reclama la soberanía completa de ese territorio. En esa lucha, Argelia apoya al Frente Polisario. En aquel 2021, España había permitido el ingreso del líder de ese frente a su país para recibir tratamiento médico, hecho que Rabat protestó con fuerza. Así, los eventos en Ceuta de ese año fueron interpretados como el mensaje marroquí hacia España acerca del poder que conserva si emplea el tema migratorio como herramienta de presión.
9. No obstante, desde aquel entonces las relaciones entre Marruecos y España han mejorado considerablemente. España, de hecho, acepta el plan de Marruecos para la autonomía del Sahara Occidental, pero bajo la soberanía marroquí, plan que es aceptado ya por muy distintos países europeos y por la ONU.
10. Esto apuntaría a que es difícil pensar que Marruecos hubiese orquestado de manera deliberada todo lo ocurrido entre el 30 de julio y el 1 de agosto en Ceuta. No hay hasta ahora evidencia al respecto. Pero, por otro lado, dicho eso, hay que considerar dos factores adicionales. Tampoco es fácil pensar que los eventos de esos días pudieron haber ocurrido sin algún grado de relajación por parte de las autoridades marroquíes, por lo que la hipótesis de un mensaje político tampoco puede descartarse del todo.
Especialmente si añadimos el segundo factor: apenas el 20 de julio, Pedro Sánchez, primer ministro español, visitó Argelia para sostener una reunión con el presidente Tebboune, buscando recomponer y equilibrar sus relaciones con ese país, con el que Rabat sostiene una prolongada disputa precisamente respecto al respaldo de Argel hacia el Frente Polisario.
11. Bajo esa hipótesis, Rabat quizás, más que planear la migración de 60 mil migrantes hacia Ceuta, habría observado lo que estaba ocurriendo como una oportunidad y habría relajado sus medidas de control migratorio como parte del mensaje político y como recordatorio de que le es posible emplear esa herramienta contra Madrid si la situación lo amerita. Todo esto, repito, tendrá que investigarse más a fondo.
12. Lo que ya podemos hacer por ahora es evaluar los siguientes elementos:
A. Primero que nada, los hechos ocurridos tendrán un efecto negativo en la percepción sobre gestión migratoria de Sánchez en España y de partidos políticos en Europa más proclives a políticas similares.
B. En cambio, los hechos fortalecen la postura política de partidos antiinmigrantes tanto en España como en Europa en general. Las imágenes son muy poderosas, pues contribuyen al relato de las “hordas” de migrantes “irrumpiendo en nuestras fronteras” e “invadiendo nuestro territorio”. Esta narrativa conecta de manera muy potente con amplios sectores de una población europea que teme la migración por el sentimiento colectivo de que esos migrantes representan amenazas a sus empleos, a su cultura e incluso a su propia seguridad. Es un discurso muy aprovechado por partidos populistas que ofrecen soluciones simples de ejecutar y fáciles de entender y que, por tanto, consigue enorme eco entre amplios sectores de la población.
En otras palabras, sea cual sea el rol deliberado o no que haya jugado Rabat, será imposible evitar que estos sectores políticos aprovechen la circunstancia para defender sus posturas.
C. Luego, y una vez más, independientemente de lo que se investigue acerca de la potencial responsabilidad de Rabat al respecto, hay una dimensión geopolítica. Marruecos está cada vez más situado del lado de Trump en su política para Medio Oriente y el Norte de África, y esto ya incluye un acercamiento político considerable con Israel, que viene desde hace años y que se selló cuando esos países restablecieron sus relaciones diplomáticas bajo la iniciativa de Trump en su gestión previa.
Precisamente el 15 de julio, Marruecos firmó un acuerdo formal para participar en la Fuerza Internacional de Estabilización para Gaza, dentro del esquema de la Junta para la Paz impulsado por Trump. Y del otro lado, Pedro Sánchez encabeza un gobierno que abiertamente condena a Israel y sus políticas, y que, como lo sabemos, se encuentra en plena tensión con Trump, presidente que hace pocas semanas ordenó “suspender todo el comercio de EU con España”. Nada de esto implica que Rabat hubiese necesariamente planeado lo de Ceuta, pero el mensaje político está siendo transmitido inescapablemente.
En suma, falta mucho por conocer acerca de estos hechos. Probablemente estamos frente a una compleja combinación de factores que habrá que investigar mucho más a fondo. Pero mientras eso sucede, hay efectos políticos por muchas vías que no se van a poder evitar. Tendremos que darles seguimiento.
De Ceuta a Irán, Gaza y Ucrania. Mañana lunes 7 pm retomo lives desde mi IG (@mauriciomesch) Muchos temas internacionales y muchas conexiones entre ellos. Trataremos de abarcar lo más que se pueda.
No es una guerra mundial, pero cada vez involucra a más países, mi artículo en El Universal
En el mundo de hoy, hilar los temas y conectar los puntos se ha convertido en una de las destrezas más importantes con las que tenemos que contar. Consideremos este ejemplo. La mayor crisis entre Ucrania e Irán desde el inicio de la invasión rusa estalló apenas tras el ataque, el 24 de julio, contra un buque mercante iraní en el mar Caspio, incidente en el que murió un marinero y que Teherán calificó como un “acto criminal y hostil”, convocando al representante diplomático ucraniano y exigiendo explicaciones y compensaciones. No debe sorprendernos. Tenemos que entender que los conflictos se entretejen. Irán y Ucrania estaban destinadas a algún tipo de choque si consideramos que Teherán ha respaldado la invasión rusa desde su inicio, no solo políticamente, sino mediante el suministro de armamento clave que ha resultado fatal para Kiev en numerosas ocasiones. Del otro lado, Rusia ha apoyado a Irán en su guerra contra EU e Israel, proporcionándole información de inteligencia crucial para que los bombardeos iraníes alcancen mayor eficacia y letalidad. Pero eso no es todo. Hace unos días, la prensa reportó que, justo mientras Washington busca eliminar los lanzadores de misiles iraníes, China está enviando 400 de esos lanzadores a Teherán para reabastecer su arsenal. Todo esto ocurre mientras Irán bombardea Egipto, Jordania, Bahréin y Kuwait; ataca embarcaciones de distintas nacionalidades que cruzan el Estrecho de Ormuz; sus aliados houthies atacan embarcaciones saudíes y cierran el mar Rojo; y EU y Riad bombardean Irak. Esto no es una guerra mundial, pero sí una guerra internacional, y es importante entender sus dinámicas y sus implicaciones.
1. Primero que nada, EU libra esta guerra en conjunto con Israel, país que además inició las hostilidades directas contra Teherán desde 2025, durante la guerra de los 12 días, a la que posteriormente EU se sumó bombardeando instalaciones nucleares iraníes. Si bien, como aquí hemos explicado, los intereses de Washington y Jerusalem no se encuentran actualmente alineados del todo, la realidad es que se trata de una alianza incuestionable. Pero, más allá de ello, el otro gran tema es que EU mantiene bases militares cruciales en países como Qatar, Jordania, Bahréin y Kuwait, bases que han sido atacadas una y otra vez por las Guardias Revolucionarias Islámicas de Irán.
2. Del otro lado, aunque Irán y Rusia mantenían anteriormente una asociación relativamente limitada, desde la guerra en Ucrania, su cercanía se ha incrementado considerablemente. Irán aportó drones y misiles que resultaron vitales para Rusia. Por su parte, desde hace varios meses, Moscú está devolviendo el favor proporcionando a Teherán respaldo militar e información de inteligencia clave para el bombardeo de posiciones estadounidenses.
3. Esto último tiene que leerse como una pieza más de la dinámica que ahora mismo está distanciando a Trump de Putin, después de muchos años en los que se percibía una gran afinidad entre ambos presidentes, incluso desde la gestión previa de Trump, y después de que, al inicio de este nuevo mandato, Trump parecía favorecer a Putin en varios temas. En ese sentido, vale la pena considerar los últimos desarrollos entre Ucrania e Irán. El solo hecho de que Irán esté acusando a Ucrania de atacar una embarcación civil iraní en el mar Caspio y de que posteriormente se hayan emitido amenazas mutuas sin precedentes revela ya demasiado.
4. Al final, la verdad es que el apoyo de Irán ha sido fundamental para los ataques rusos contra Kiev y del otro lado, el respaldo ruso está siendo clave para los ataques iraníes contra EU y sus aliados. Más allá de que Irán y Ucrania lleguen o no a lanzar hostilidades directas entre sí, los hechos y las amenazas emitidas muestran que ambos países se encuentran en bandos rivales desde hace ya varios años.
5. Hay otras dos piezas que añadir. La primera, y la más importante, es China. Hay que considerar que Beijing mantiene desde hace más de cuatro años un pacto estratégico de veinticinco años con Irán, el cual incluye respaldo tecnológico y en materia de defensa, entre otros componentes. Así que no debe sorprendernos que ahora Beijing esté enviando lanzadores de misiles, suministrando componentes cruciales para la reconstrucción de la capacidad defensiva iraní o que debamos esperar un flujo billonario de inversiones chinas hacia Irán en los años por venir.
6. Después de todo, Irán está demostrando ser un socio mucho más estratégico de lo que Moscú o Beijing esperaban. Su capacidad para exhibir las vulnerabilidades estadounidenses en un conflicto de gran escala, agotar parte de su arsenal, poner de manifiesto su escasa tolerancia a guerras prolongadas y, en última instancia, dispersar su atención y sus recursos, resulta estratégica por donde se le quiera ver.
7. La segunda pieza es la cuestión de Corea del Norte, país que actualmente aporta armamento y personal de combate a Rusia para su guerra contra Ucrania, y que tiene décadas de cooperar con Irán y sus aliados en temas como el nuclear, lo que inescapablemente tiene ya hilados los temas de la península coreana con Medio Oriente, Europa Central y del Este.
8. Mientras tanto, Ucrania tiene personal participando activamente en labores de apoyo a EU y a varios de sus aliados del Golfo en sistemas de drones y de interceptación de drones para combatir con mayor eficacia a Irán. Es ahí donde debemos insertar la más reciente reyerta entre Kiev y Teherán.
9. Así, aunque Kiev no ha reconocido haber atacado deliberadamente una embarcación civil iraní, diversos reportes indican que el barco formaba parte de la cadena logística utilizada para transportar material militar y componentes entre Irán y Rusia, por lo que Ucrania lo habría considerado un objetivo vinculado al esfuerzo bélico ruso. Más allá del incidente diplomático, el episodio revela una evolución importante de la estrategia ucraniana: además de golpear infraestructura dentro de Rusia, Kiev busca ahora interrumpir las rutas internacionales que sostienen la maquinaria militar de Moscú, incluso en el mar Caspio, una vía que hasta ahora había permanecido relativamente protegida. El riesgo es que este tipo de acciones eleven aún más la tensión con Teherán y, paradójicamente, terminen fortaleciendo la cooperación militar entre Irán y Rusia, justo en un momento en que ambos países enfrentan crecientes presiones occidentales.
10. Lo anterior, además, debe considerarse desde una panorámica amplia. Parte de la estrategia de Irán consiste en expandir el conflicto tanto como sea posible para estirar al máximo las capacidades defensivas de Washington. Así, desde el inicio de la guerra, Teherán ha empleado una táctica conocida como triangulación coercitiva, es decir, ejercer presión sobre Washington mediante daños provocados a terceros—países donde EU mantiene bases militares o intereses económicos—y forzar a EU a ampliar su necesidad de defender a esos otros países.
11. Pero estas tácticas no están exentas de riesgos para Teherán. Hay países, como Emiratos Árabes Unidos, que ya se han visto obligados a involucrarse directamente en la guerra mediante ataques contra Irán, y ese escenario no puede descartarse para otros estados que han sido, y siguen siendo, blanco de los ataques iraníes.
12. Por si lo anterior no basta, hay un factor adicional: el de los actores no estatales que forman parte del eje proiraní. Tenemos, por un lado, a la milicia libanesa Hezbollah, que acudió en defensa de Teherán apenas iniciada esta guerra y se lanzó a una prolongada confrontación contra Israel, sumando así el frente libanés a la amplitud de este conflicto. Luego están los houthies, quienes desde Yemen también atacaron a Israel poco después de iniciadas las hostilidades contra Teherán y que ahora han añadido la disrupción provocada desde la zona que controlan —el paso entre el mar Rojo y el Mediterráneo— al conjunto de enfrentamientos que estamos observando. En días recientes, los houthies han estado atacando embarcaciones saudíes que transitan por el mar Rojo, reactivando, por un lado, el conflicto que mantienen con Riad y, por el otro, generando mayores efectos sobre la economía global.
13. Por último, están las milicias proiraníes que operan en Irak, las cuales a lo largo de los años han protagonizado un sinnúmero de enfrentamientos contra tropas de EU y sus aliados en la región. Ahora mismo, en respuesta a los ataques de esas milicias, observamos cómo fuerzas saudíes y estadounidenses lanzaron ataques coordinados contra ellas, provocando la condena del gobierno de Bagdad e involucrando aún más a Irak en este conflicto.
Sumando todo lo anterior, lo que tenemos son varios planos de enfrentamiento.
A. De un lado, la guerra más directa entre EU e Israel contra Irán (aunque en esta última fase Israel se encuentra en pausa).
B. En un segundo plano están los ataques que Irán está lanzando contra países del Golfo y otros estados de la región. Estos ataques incluyen bases estadounidenses ubicadas en esos países, pero no se limitan a ellas. A lo largo de meses, Irán también ha bombardeado infraestructura energética y civil desde EAU hasta Turquía, desde Qatar hasta Egipto, desde Arabia Saudita hasta Bahréin u Omán, y varios más.
C. En ese mismo sentido, está el involucramiento de los actores no estatales proiraníes ubicados en Yemen, Irak y Líbano, que actúan contra Israel, EU y distintos aliados estadounidenses, como Arabia Saudita y los EAU.
D. Por último, está el plano de las superpotencias, en el que China y Rusia se encuentran indirectamente involucradas frente a EU, sus intereses y sus aliados, y que de alguna manera ya está contaminando y entretejiendo otros conflictos, como el de Ucrania, con la situación en Medio Oriente.
En suma, como dije, esta no es la guerra mundial, pero la cantidad de actores estatales y no estatales involucrados la está convirtiendo en una confrontación de proporciones bastante mayores a las que habíamos visto en varias décadas.

