rogelio alaniz (@ralanizok) profile picture

Docente y escritor. Librepensador. Mi único partido es el que se proponga unir la libertad con la justicia. Prefiero el humor espontáneo a las verdades sombrías

Joined April 2015
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ADIÓS Rogelio Alaniz Después de 35 años de escribir de dos a tres veces por semanas notas firmadas y editoriales diarias, he considerado que mi tiempo en El Litoral ha concluido. Ya dije todo lo que tenía que decir y todo lo que no tenía que decir. Mi afecto a los viejos amigos periodistas del diario. Mi afecto, mi respeto y mi solidaridad. En lo personal, ni triste, ni solitario ni final. Como el tigre siempre es tigre, para despuntar el vicio colaboro en La Nación y Clarín, una colaboración que me da muchas satisfacciones y en donde dispongo de mucha libertad y muchos lectores. No concluyó mi tiempo de periodista, concluyó mi tiempo en El Litoral o en lo que queda de El Litoral. Sospecho, pero solo sospecho, que el tiempo de El Litoral, por lo menos El Litoral que conocí, El Litoral de Gustavo y Néstor, de Cola y el Sapo, de Susana y Silvia, de José Luis y de don Enzo contribuyó a dibujar el rostro de esta ciudad y agotó con dignidad su tiempo histórico . A este El Litoral de los tiempos que corren le digo adiós, sin reproches, sin penas, como quien se despide con cierta leve indiferencia de una sombra; al otro, a El Litoral que en años que ya se presienten lejanos inundaba con vocinglería de canillitas y gorriones las calles de la ciudad todas las tardes y era una visita distinguida en los hogares de los santafesinos, no le digo ni adiós ni hasta siempre, porque nadie se despide de quien de una manera u otra constituyó su vida.
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CARNETS Rogelio Alaniz Ganó Lula. Le sacó un dedo de ventaja a Bolsonaro. El obrero metalúrgico que trabajó desde su adolescencia le ganó al niño bien pretencioso y engrupido que además de burlarse del obrero mutilado, pretendía ser presidente ignorando, por ejemplo, lo que gana un obrero. Ganó Lula. Ganó a lo guapo. Ganó porque es más inteligente, porque tiene más calle y más noche, porque se aguanta las buenas y las malas y porque ya es un pedazo de historia de Brasil. El nene bien protegido por el papá, protesta por el resultado de las urnas con el mismo tono que protestaba su papá, un estilo de marca registrada por la familia Bolsonaro. Ya habrá tiempo para evaluar los desafíos que se le presentan al presidente reelecto. Por lo pronto, yo no puedo disimular mi satisfacción de que la ultraderecha haya sido derrotada, que el candidato abogado de asesinos de niñas haya mordido el polvo de la derrota, que el hombre que no pudo refutar la imputación de miliciano paramilitar haya quedado haciendo señas como el penado 14. La victoria del viejo luchador contradijo encuestas, análisis especialistas y leyendas baratas al estilo de que los oficialismos siempre pierden o que nunca el derrotado en la primera vuelta pudo ganar en el segunda o que por un extraño designio de los dioses la ultraderecha siempre gana o que los mercados están nerviosos. Lula agradeció al pueblo brasileño por el voto, también se preocupó en informar que será presidente de todos los brasileños. Un reproche corresponde hacerle: no agradeció a Milei, cuya vertiginosa aparición en Brasil y las cataratas de insultos al candidato del PT hizo lo posible o lo imposible para que los votantes dudosos decidieran continuar con Lula Ni lerdo ni perezoso, Pedro Sánchez en España coincidió por primera vez con Felipe González: Milei trabaja para Sánchez. Una visita más de nuestro presidente a España , unos insultos como al pasar contra periodistas y políticos, y Sánchez gana con mayoria absoluta. Otro error conceptual quiero advertir: Lula no es Cristina. No lo es por historia, por calidad de gestión y porque si bien está muy lejos de ser un santito, al lado de Cristina, al lado de la cleptocracia de la abogada exitosa, es apenas un "descuidista". Cristina no tiene nada que ver con el obrero metalúrgico que encarnó sueños y esperanzas. Cristina fue dos veces presidente y Lula lo será ahora por cuarta vez. La capacidad de gestión de Lula es muy superior a la señora presidente que reside en San José 1111. La victoria de Lula es una desmentida a la peregrina teoría de América latina como patio trasero de los yanquis. Habrá gobiernos que prefieren ser la letrina del imperio, pero hay gobiernos que no se resignan a ese lugar. Lula conversa con Trump, se relaciona con los poderes económicos más fuertes, pero preserva un espacio político de autonomía. No es un loquito. No es Cristina. Tampoco es una versión carioca de Myriam Bregmann o Nicolás Maduro. Es el político más importante de la historia de Brasil, un estadista experimentado que sabe exigir y sabe conceder.En Brasil no habrá motosierra y tampoco habrá jolgorio populista. Por lo pronto, su índice inflacionario es muchísimo mas bajo que el nuestro; lo mismo el riesgo país. Vamos a seguir hablando de Brasil. Pero ahora a festejar acompañado del ritmo de Caetano, Chico Buarque, Gilberto Gil, Geraldo Azevedo.
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CARNETS Rogelio Alaniz "No llego a fin de mes", es un reclamo, una queja, un gesto de impotencia y fundamentalmente un acto de realismo descarnado. Esta verdad, la verdad de no llegar a fin de mes, cualquier argentino de ingresos fijos en algún momento de su vida la ha vivido. Solo los millonarios y los indigentes la desconocen. Unos, porque la plata le sobra; otros, porque son, como decía mi abuelo, pobres de solemnidad. El tercero que parece desconocer esta situación es Milei. La desconoce o se hace el sota. "No llegar a fin de mes", no es necesariamente pasarse los últimos diez días del almanaque haciendo ayunas como sugiere Javito queriendo hacerse el piola. El trabajador de ingresos fijos no llega a fin de mes cuando necesita endeudarse para lograrlo, pedir fiado, romper la alcancía, en definitiva, reducir su calidad de vida, es decir, comprar menos, consumir menos. Basta de asado y de milanesa; basta de salir los fines de semana a cenar o almorzar en algún restaurante del barrio, basta de taxis, entradas para el cine o cambio de vestuario. Si lo que quiere expresar el señor presidente es que siempre se llega a fin de mes, habría que agregar a continuación que muchos apenas llegan con lo justo y, al decir de Discépolo, tomando mate con yerba de ayer secándose al sol. ¿Quedó claro señor presidente? Son millones los argentinos que han debido reducir sus compras, su consumo y su calidad de vida. "Hay que pagar la fiesta" dicen los que viven de fiesta a los que a las fiestas las contemplan de afuera, con suerte entran colados o sencillamente la miran por televisión Solo una insensibilidad absoluta o un absoluto desconocimiento de lo que sucede en la calle, en la vida cotidiana de cada argentino, puede llevar a exclamar semejante disparate. Señor presidente: los argentinos todavía no nos morimos de hambre en las calles como en algunas ciudades de África, pero -y vuelvo a la cita tanguera, a una letra escrita allá por los años treinta en su inefable tono grotesco: "Hoy se vive de prepo y se duerme apurao; y la barba hasta Cristo se la han afeitao; hoy se llega a empeñar al amigo más fiel; nadie invita a morfar, todo el mundo en el riel". ¿Entendió? Por las dudas le informo: la letra del tango citado se llama "Al mundo le falta un tornillo". Como lo oyó presidente: le falta un tornillo...aunque yo sospecho, simplemente sospecho, que no es precisamente al mundo al que le falta ese tornillo.
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PERÓN, EN EL LABERINTO DE SUS CONTRADICCIONES Rogelio Alaniz DIARIO LA NACIÓN El paso de los años ha atenuado las pasiones, pero aún su nombre sigue conmoviendo. En vida despertó el amor devoto de los pobres y el odio rencoroso de los ricos. Muerto, sigue siendo polémico, controvertido. Un héroe o un santo para sus leales; un despreciable fascista o un vulgar embaucador para sus críticos. Los años suelen suavizar las diferencias y permiten que la lectura histórica pueda realizarse. Con Perón esa tarea nunca fue sencilla. Sin duda que hizo los méritos suficientes para ganar un lugar privilegiado en la historia. El general que supo conquistar el corazón del pueblo fue un sagaz político, un maestro de las maniobras tácticas y un despiadado manipulador del poder. Como todo líder carismático, conocía la clave de las confusas y arrebatadas pasiones de las masas. Y como todo líder carismático ignoraba el remordimiento y la culpa. Ingresó a la historia nacional por la puerta grande, deslumbrando con su talento y su sonrisa. Arremetió contra los intereses creados y jerarquías establecidas, apoyándose, claro está, en jerarquías e intereses tan sólidos como los que pretendía remover. Fue atrevido, impertinente y transgresor. Pero si había que conciliar, conciliaba. Y si no quedaba otra alternativa que replegarse, se replegaba. Una anónima cañonera paraguaya es involuntaria testigo de esa prudente habilidad. El mismo admitió que los grandes conductores de la historia son aquellos que saben sobrevivir a las tempestades manteniendo firme el pulso, duro el corazón y atenta la inteligencia. Inútil entenderlo al margen de sus contradicciones. Al gran reformador social le gustaba definirse como un hombre de orden. Propuso la conciliación de clases, pero cuando los distinguidos bonetes de la Bolsa de Comercio no lo acompañaron, atizó las reivindicaciones obreras y políticas hasta la confrontación clasista. Defendió al pueblo llano y le supo dar conciencia de su dignidad, mientras los humillaba sometiéndolos al culto de la personalidad y alentando obsecuencias y exasperantes alcahueterías. El revolucionario que transformó al país le gustaba definirse como anticomunista y admirador de Benito Mussolini. El coronel que prometía realizar los sueños más caros de los nacionalistas, no vaciló en bautizar a los ferrocarriles recién nacionalizados con los apellidos de los próceres del panteón liberal. El que nunca se equivocó a la hora de saber los rumbos de la historia, en 1943 estaba convencido de que los nazis ganaban la guerra; en 1946 apostaba en contra de Estados Unidos, mientras jugaba el destino económico de país a una inevitable e inexistente tercera guerra mundial. El defensor de la enseñanza religiosa en las escuelas, sancionó leyes que hasta los ateos más convencidos hubieran vacilando en aprobar. El crítico del imperialismo yanqui no vaciló en recibir con sonrisa obsequiosa a Milton Eisenhawer y el nacionalista económico firmó un tratado con una distinguida multinacional petrolera que al decir de uno de sus opositores, “infama el territorio patrio con una franja colonial”. Si en 1945 demostró que desde las alturas del poder era posible ganarse el amor del pueblo, en 1973 probó que desde el exilio era posible repetir la hazaña. El que durante su primera presidencia soportó la animosidad de intelectuales y estudiantes, se dio el lujo, dieciocho años después, de ganar para su causa el corazón de los hijos de sus enconados enemigos. Esa ironía de la historia la anticipó en 1952 cuando fiel a su estilo verbal dijo que a sus rivales en 1945 les ganó con el voto de los obreros, en 1952 con el voto de las mujeres y en el futuro les ganará con el voto de los “chicos”, a los que luego calificará de juventud maravillosa. Precisamente a esos “chicos” los sedujo con la novela del socialismo, pero cuando al relato “los imberbes” se lo tomaron en serio, no dudó en echarlos de la plaza, además de organizar bandas de sicarios que se dedicaron a exterminarlos. Le gustaba definirse como un conductor revolucionario, pero sus amigos eran Stroessner, Pérez Jiménez, Trujillo, Somoza y Franco. Desde su exilio en Puerta de Hierro, manipuló hombres y situaciones con talento, astucia y un toque de perversión. Lo halagaba el amor de las multitudes coreando su nombre y alentaba servilismos y obsecuencias. Quienes lo conocieron, incluso sus rivales, ponderan su simpatía. Hablaba con todos y para cada uno de sus interlocutores disponía de la palabra justa, la frase adecuada. Solo un detalle lo fastidiaba: que lo contradigan. Con inspiración de artista organizó una fuerza política que marcó un antes y un después en la historia nacional. Para hacerlo tuvo que lidiar contra militares obtusos, empresarios necios y políticos torpes y anacrónicos. Se divirtió cuantas veces quiso con Braden y las venerables momias de la Unión Democrática. Estrenó el ostentoso balcón, el saludo con los brazos abiertos y el arrebatador “compañeros”, simulando ser un soldado más de la causa, cuando al mismo tiempo ponderaba sus virtudes de líder y conductor elegido por los dioses. Dispuso del talento para transformar el lenguaje político en un friso de refranes populares y giros coloquiales. Acusado de dictador y de tirano, no era partidario de derramar sangre y a su manera fue, si se quiere, benévolo con sus enemigos que alentaron asonadas militares, atentados terroristas y bombardearon Plaza de Mayo. Militar de vocación, fue transgresor hasta en los detalles. El coronel viudo y puntilloso se va a vivir en concubinato con una actriz que se transformó en una mujer extraordinaria. Evita se llamaba. Poco y nada sabemos de la vida íntima de la pareja. A los efectos políticos, importa saber que ambos amaban y disfrutaban del poder. Una diferencia existencial es posible registrar entre ellos. Evita, colérica, apasionada, rencorosa era, sin embargo, capaz de querer. De Perón es muy difícil verificar lo mismo. Aún se discute si su condición de viudo fortaleció o debilitó su poder político. Lo seguro es que ningún reparo moral le impidió luego compartir sábanas con una adolescente cuarenta y cinco años menor que él, mientras todo el país se detenía a las 8,25 y “ay”, de quien se le ocurriera no sumarse a ese cotidiano funeral simbólico. Mientras tanto persistía con las paradojas: el hombre que aprobó el voto femenino se dio el gusto de casarse con una cortesana histérica, mediocre y algo malvada a la que le obsequió la presidencia de la nación, mientras a sus seguidores les decía que su único heredero era el pueblo. El gran prestidigitador se cansó de ganar batallas políticas, pero cuando regresó a su país las pasiones que él contribuyó a alentar lo desbordaron, confirmando, por el costado absurdo de la historia, que a la hora de lidiar con los rigores de un gobierno “no le daba el cuero”, como anticipó el general Lanusse. Nunca creyó en la república democrática. Su exclusiva convicción fue el poder y en su nombre hizo hasta lo que no creía, si es que alguna vez creyó en algo que no fuera él mismo. Ganó todas las elecciones en las que participó, pero estaba convencido de que la legitimidad no provenía del pueblo sino de sus infalibles condiciones de conductor. A más de medio siglo de su muerte su itinerario histórico sigue despertando asombro. Desde 1974 muchos se proclamaron sus sucesores. Por lo pronto, ninguno de sus presuntos herederos le lustra los zapatos. Ninguno posee el desenfado, el coraje y esa singular virtud maquiavélica para manejar con pulso firme las riendas de la historia.
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EL 17 DE OCTUBRE DE 1945 Rogelio Alaniz I Alguna vez se dijo que el objetivo del fascismo es estetizar la política y la historia. Quien elaboró este dictamen no estaba equivocado. Mussolini y la Marcha sobre Roma; Perón y el 17 de octubre. El mito seduciendo a las masas y desplazando la reflexión histórica. El mito como acto fundacional de un relato político hecho de imágenes y ritos. El peronismo y el debate sobre su origen. Los propios peronistas no se ponen de acuerdo sobre este tema. Para unos, todo empezó el 4 de junio de 1943 con el golpe de Estado que derrocó al presidente conservador Ramón Castillo. Para otros, no cabe duda de que el peronismo se forjó el 17 de octubre. Y no faltan los que dicen que la fecha inaugural fue el 13 de febrero de 1946, cuando derrotó a la Unión Democrática. Perón, por lo pronto, eligió el 4 de junio de 1946 para asumir la presidencia. La fecha no es inocente. Alude al componente militar, vertical y autoritario del peronismo. A los coroneles que miraban con simpatía al Eje y apostaban a que Hitler fuera el ganador de la Segunda Guerra Mundial, los mismos a los que se les llenaron los ojos de lágrimas cuando se enteraron que el ejército que admiraban había sido derrotado en Stalingrado. II Tampoco fue casualidad que en septiembre de 1955 Perón presentara la renuncia no al Congreso o a la Corte, como hubiera correspondido, sino a las Fuerzas Armadas. De todos modos, el 17 de octubre es, desde una perspectiva popular o populista, la fecha plebeya por excelencia; el momento en que se constituye el escenario clásico de la liturgia populista: el líder en el balcón y la masa en la plaza. Ese mito nunca más desaparecerá del imaginario popular. El peronismo, en este sentido, fue una formidable maquinaria de construir mitos. El 17 de octubre fue el principal. Y sin duda que como objeto de veneración fue muy eficaz aunque muy bien se podría agregar a continuación que cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. En efecto, poco importa saber que la multitud que se convocó en la plaza de Mayo en esa jornada de octubre era inferior en número a la que el 19 de septiembre de ese mismo año había convocado la Unión Democrática. III A los efectos del mito, tampoco importa saber que la fotografía grabada en la memoria colectiva no es la del 17 de octubre de 1945, sino la de 1946, cuando la maquinaria del poder podía asegurar una presencia mucho más amplia. Importa poco saber que Evita no fue la heroína de Delacroix movilizando a las masas sedientas de justicia, por la sencilla razón de que ese día ella estaba más preocupada en huir que en convocar al combate. Por su parte, la CGT dudó hasta último momento convocar al paro. Y cuando lo hizo, la fecha elegida fue el 18 de octubre y el nombre de Perón estuvo ausente en el comunicado. En términos prácticos, el 17 de octubre tuvo la “virtud” de saldar la interna militar a favor de Perón. Dos meses después se convocaba a elecciones y Perón era el candidato de los militares, la Iglesia Católica, la policía y las estructuras corporativas del Estado. Todo esto merece discutirse, pero a la hora de celebrar el mito estas cuestiones pierden importancia, porque el mito no trabaja con números y hechos sino con imágenes y “relatos”. IV ¿Más ejemplos? Perón instaló durante la campaña electoral la consigna “Braden o Perón”. La leyenda fabricaba un enemigo que, como dijera el propio Perón, si no hubiera existido habría que haberlo inventado. Braden encarnaba en esos meses al imperialismo y la entrega. ¿Fue así? Más o menos. El imperialismo real en 1945 todavía seguía siendo el inglés que vio con muy buenos ojos la llegada del peronismo al poder. No en vano, el diario anarquista calificó al 17 de octubre como “asonada lumpen policial financiada por The Buenos Aires Herald”. Si hubiera alguna duda al respecto, basta averiguar quién fue el coronel Filomeno Velasco, el mismo a quien los obreros del flamante movimiento nacional vivaban ese 17 de octubre -mientras los policías hacían la venia- con la consigna “progresista”: “Que viva la cana, que viva el botón, que viva Velasco y que viva Perón”. V ¿Y Braden? Braden estuvo menos de cinco meses en la Argentina, pero la leyenda lo presenta como un eterno virrey del imperio. Era un toro torpe y prepotente al que Perón se dio el lujo de torear con maestría. La misma maestría que empleó un año después para otorgarle la medalla de la lealtad peronista al embajador norteamericano que sucedió a Braden, es decir a George Messersmith. De todos modos, ¿a quién le importa hoy conocer estos detalles?
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CARNETS Rogelio Alaniz Hay una ley de financiamiento universitario aprobada por el Congreso, ratificada por la justicia y que el gobierno no hace efectiva bajo el consabido argumento de que "no hay plata". Vaya si lo sabemos: para la educación, la discapacidad, los jubilados, la salud y la obra pública no hay plata. Estudiantes, egresados, profesores, becarios y ciudadanos salen a la calle a reclamar por el cumplimiento de la ley. También se suman sindicatos, agrupaciones peronistas y partidos de izquierda. El conflicto está planteado. Todos en la calle protestando -en principio- en nombre de una misma causa: el financiamienmto universitario. Pero la unanimidad de la protesta no impide registrar diferencias en el modo de gestionar esa protesta. Muchos consideran que ese derecho se ejerce pacíficamente y su objetivo empieza y termina con el reclamo concreto. Otros, consideran que toda marcha o protesta es siempre el ensayo para una gesta insurreccional. Los peronistas, reiterando lo que suelen hacer contra gobiernos no peronistas; la izquierda, convencida de que cualquier conflicto puede ser la antesala de la revolución social. Al reclamo singular populistas e izquierdistas le suman el ejercicio de la violencia. Piedras, bombas de estruendo, hondazos y personajes enmascarados. En algunos casos los episodios son gestados por provocadores pagados por los servicios de inteligencia, pero en la mayoria de los casos, la ideologia o la pulsión de los manifestantes es violenta. Convencidos de que los argentinos pedecemos la tragedia de un gobierno cipayo y vendepatria, estiman que todo acto de violencia está legitimado en nombre de la justicia social, el retorno del peronismo o la revolución social. No son necesarias grandes multitudes para alentar el caos. En una marcha de, por ejemplo, 50.000 personas, quinientos "militantres" estilo Gordo Mortero, 500 activistas con lúmpenes incluidos alcanzan y sobran para asegurar lo que ellos mismos denominan como "el caos revolucionario", el parto que dará lugar a una sociedad más justa. A la hora de los bifes, ni retorno del populismo ni revolución social. Caos, desorden, represión y, como resultado final, la sensación mayoritaria de la sociedad de que la única solución posible para esta Argentina devastada es Milei. Ni Grabois, ni Myriam Bregman, ni Moyano, ni Cristina. Les guste o no -y a mí no me gusta- estos actos de barbarie, esta deliberada gimnasia revolucionaria, produce como resultado exactamente lo opuesto de lo que pretenden realizar. Por este camino, Milei es el exclusivo ganador político de la jornada
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CARNETS Rogelio Alaniz Mañana jueves la universidad estará en la calle. Estudiantes, profesores, empleados, obreros, saldrán a la calle a reclamarle a este gobierno por el cumplimiento de una ley que se resiste a cumplir. Yo voy a ir. Con mis años y mis ñañas estaré con la universidad pública, gratuita y reformista. Me consta que vamos a ser muchos en la calle. No sé los resultados de esta gesta, pero que vamos a hacer ruido seguro que lo vamos a hacer. En homenaje a la memoria y a mis años, digo una vez más que todo gobierno reaccionario, de derecha o de ultraderecha, se distingue por atacar la universidad. Con garrotes y con asfixia presupuestaria. Y, más de una vez, con estas dos virtudes "pedagógicas" juntas. En esa fobia no se han equivocado nunca. Civiles y militares; populistas y reaccionarios que invocan su condiciópn de liberales. En 1930 una de las primeras iniciativas del régimen golpista fue avasallar las universidades. La arremetida clerical y militar se hizo en nombre del orden, la moral, las buenas costumbres y, en particular, invocando la belleza del fascismo. En 1943 coroneles fascistas y católicos ultramontanos reiteraron la faena. Palos para los estudiantes y "revolución cultural" de la mano de Martínez Zuviría y Giordano Bruno Genta. En 1945 cientos y cientos de profesores fueron cesanteados en nombre del ser nacional. Cáterdas que eran un orgullo de la inteligencia argentina fueron cerradas, centros de estudiantes fueron declarados ilegales. Ya para entonces la cantinela era la misma: los estudiantes son vafgs, son mal entretenidos, son comunistas y hay cátedras dictadas por Satanás. Palos, censura y asfixia presupuestaria. Nada diferente a lo que hicieron en 1966 en una célebre jornada nocturna con palos, garrotes y cachiporras para estudiantes y profesores. ¿Acaso no son comunistas? ¿Acaso no se despilfarran recursos? Ser estudiante era peligroso, andar con un libro bajo el brazo era peligroso, dejarse el pelo un poco largo era peligroso, besar a la novia en una plaza era peligroso, ser profesor universitario era peligroso. Estudiantes presos, estudiantes expulsados y docentes huyendo al extranjero. Los cerebros más lúcidos del pais, por lo menos un elevado porcentaje, corridos de su patria y curiosamente reconocidos en universidades de Europa y de Estados Unidos. En 1976 los militares no necesitaron hacer la faena sucia porque ya la había hecho el peronismo con la denominada "Misión Ivanissevich", con un fascista orgulloso de su condición como Alberto Ottalagano designado rector de la UBA y con otro rector en la UNL que desde el paraninfo y rodeado de guardaespaldas armados hasta los dientes vivava a voz de cuello las virtudes existenciales de la muerte. Digo, a modo de síntesis, que si quieren saber de la orientación, el contenido, el pelaje de un gobierno, observen qué hace con la educación y, en el caso que nos ocupa, con las universiades. Dirán que con Milei no hay palos y garrotes. Y es cierto. No hay palos y garrotes, (no se impacienten que por este camino los palos y garrotes suelen estar emboscados a la vuelta de la esquina) pero hay asfixia presupuestaria y desobediencia a la ley. Y un revival de consignas lanzadas desde el poder que se nutren de la clásica escoria argumentativa que desde 1930 a la fecha usaron los enemigos de la universidad. Supongo que esta arremetida fracasará como fracasaron las anteriores, pero también supongo que el fracaso no excluye el daño, el perjuicio que le provoca a una nación que desde las altas cumbres del poder se asalte el saber y la inteligencia.
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CARNETS Rogelio Alaniz La gravitación de Karina Milei en el denominado gobierno libertario es muy probable que en un futuro no muy lejano dé lugar a que escritores, dramaturgos, directores de cine, guionistas de Netflix, músicos inspirados, elaboren bizarras creaciones que a nuestros hijos y nietos les permitirán conocer la intimidad de un tiempo político que nosotros no estamos en condiciones de evaluar en todos sus matices dramáticos porque somos prisioneros de las incertidumbres del tiempo presente. Hecha la advertencia, me atrevo a adelantar que el género adecuado para interpretar al personaje y las relaciones con su hermano sería el "gótico", el gótico o expresionismo alemán se entiende, con sus penumbras, sus pesadillas, sus inesperados juegos de luces y sombras y la inequívoca sensación de que oscilamos en las orillas de la tragedia, o de la caricatura de la tragedia. En la historia nacional los hermanos instalados en los espacios y las penumbras del poder han estado presentes desde los inicios. Pienso en los Rodríguez Peña y en los Funes. Masones los primeros, clericales los segundos. Pienso en los hermanos Moreno: Mariano y Manuel, o en los hermanos Juárez Celman, los dos gobernadores de Córdoba y uno de ellos, presidente de la nación. Podría añadir a la lista a los Roca, Julio y Ataliva, este último creador, según Sarmiento, del verbo "atalivar", es decir, el acto de apropiarse de tierras sin pagar un peso o sin devolverle a los bancos un peso. Arturo Frondizi también tuvo hermanos aguerridos, pero que en este caso se dedicaron a fustigarlo sin contemplaciones. En efecto, los más duros brulotes contra Arturo provinieron de Risieri y Silvio. Carlos Menem contó con Eduardo, su operador más confiable en un ambiente donde nadie se tenía confianza. Fernando de la Rúa dispuso de la colaboración de un hermano Carlos, quien, según los comedidos, además de ser un sagaz abogado penalista, era progresista y discreto. Néstor Kirchner contó con la colaboración de su hermana Alicia, señora que se inició en los entreveros de la política colaborando con la última dictadura militar. Como podrá apreciarse, la sociedad política entre hermanos no es nueva en estos pagos, pero debemos reconocer que la relación entre Javier y Karína es insólita,asombrosa e inquietante. Una vez más insisto en las virtudes del "gótico" para interpretarlos. Aquí no hay lugar para la comedia, el humor, la risa desenfadada. Nada de eso. Una película sobre las relaciones de Karina con Milei tendría necesariamente el tono literario de "Cumbres borrascosas", o de aquella "Rebeca" filmada por Hitchcock, o escenas de Murnau y Fritz Lang, con una leve brisa que llega desde Transilvania y agita suavemente las cortinas de un castillo o un convento en ruinas. Y en ese silencio apenas interrumpido por el lejano aullido de un lobo, Javier y Karina caminan tomados de la mano por pasillos y alcobas apenas iluminados por la luz difusa de una madrugada espectral.
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CARNETS Para atajarme de cualquier reproche nacionalista digo que las Malvinas son argentinas y hasta es muy probable que tengan valor estratégico nacional en las próximas décadas, pero más allá de los avatares de la historia lo seguro es que mientras tanto sigue siendo una pasión arrebatadora de signo nacionalista, pasión en la que todos los políticos oportunistas abrevan para obtener o pretender obtener votos gratis. Javier Milei, que llegó a la política criticando los vicios de la política, se contagió rápido de ese embuste y algunas de sus arengas contra los ingleses más que evocar las modalidades de algún puntero o caudillejo político recuerdan las vibraciones retóricas del general Galtieri subyugado por las multitudes que en la plaza lo vivaban como si fuera un inesperado caudillo por la gracias de Dios. Valgan estas consideraciones para recordar que ingresamos a un año electoral y si el crecimiento o el derrame económico no se produce como lo auguran los profetas libertarios, lo más seguro es que recurrirán a los viejos pero siempre actualizados recursos retóricos del nacionalismo malvinero para ganarse el corazón de la gran masa del pueblo o, por lo menos, para distraerlo de sus necesidades y carencias reales con el brebaje malvinero que emborracha rápido y además es barato . Por mi parte, yo una vez más declaro que no soy malvinero ni lo quiero ser. Sospecho que son argentinas, pero incluso ese dogma de fe no me sensibiliza ni me conmueve. Sigo creyendo que los argentinos tenemos otras prioridades antes que las Malvinas y que no deberíamos resignarnos a admitir que la identidad nacional o el ser nacional o como mejor quieran llamarlo, se defina por las Malvinas o la Selección de fútbol o el Gauchito Gil.
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CARNETS Lula se encargó de hacer todo lo necesario para perder las elecciones en esta primera vuelta. Desde detalles como negarse a participar en un debate público (que ahora lo está solicitando) hasta escándalos con la Corte Suprema de Justicia y en particular con el juez que condenó a más de veinte años de cárcel a Bolsonaro. Si en su primera presidencia Lula produjo iniciativas favorables para los pobres ahora estas iniciativas brillaron por su ausencia. También estuvo ausente en el tema candente de la seguridad, porque ya se sabe que la izquierda con este tema siempre hace agua. Bolsonaro hijo de todos modos tiene que ganar. Y está demás que le recuerde que a Lula "hay que ganarle". Que no empiece a festejar con anticipación o a gastar a cuenta. Lula tendrá los defectos que tiene pero no es Cristina. Ni por historia ni por méritos. No es un santito pero no es Cristina. A fin de mes los brasileños votan en segundo vuelta y con los números en la mano seguimos hablando
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LA MASACRE DEL 7 DE OCTUBRE DE 2023 ROGELIO ALANIZ DIARIO CLARÍN No fue una batalla. Fue una masacre. Más de seis mil hombres de Hamas y la Jihad Islámica se dedicaron durante horas a asesinar judíos. Las víctimas estaban durmiendo, desayunando en el porsche, paseando por los senderos sombreados del kibutz. Desarmados. Claro que fue fácil matarlos. La fantasía lúdica de los judeofóbicos hecha realidad: matar judíos indefensos. A la inversa, el retorno de la pesadilla para los judíos: asesinados como ovejas y esta vez en su propia patria. Los verdugos no se privaron de nada: despedazar niños, violar mujeres, asesinar ancianos. Se dieron todos los gustos y además los festejaron. Las escenas festivas de los hijos de Alá fotografiándose con los rehenes aterrorizados o con los cadáveres de las víctimas son pruebas elocuentes del inspirado humanismo de estos caballeros de la guerra. Exhibiciones de dolor y sangre celebradas, además, por las multitudes que en la Franja de Gaza salieron a la calle a disfrutar del espectáculo. El festín de sangre fue completo. No hubo daños colaterales. Fueron a matar y mataron. Sin compasión, sin piedad. Desde las seis de la mañana hasta por lo menos las cuatro de la tarde tuvieron luz verde. Los kibutz levantados a pocos kilómetros de la frontera son verdaderos oasis en medio del desierto. Casas sin muros, sin rejas. Árboles. Muchos árboles y flores. Palmeras, pinos, olivos. Senderos para caminatas, paseos en bicicleta. Plazas y parques para niños. El kibutz para un judío es algo más que una chacra. Es el corazón espiritual de Israel. Allí se forjó la cultura del trabajo, el sueño sionista socialista hecho realidad. Allí nació el sabra, el hombre capaz de luchar contra las adversidades de la naturaleza y de la vida. El kibutz es el honor, el orgullo y la tradición más heroica. De allí salió la élite que fundó a Israel: Ben Gurion, Moshe Dayan, Golda Meier, Ehud Barak, Yigal Allon. No se equivocaron los señores de Hamas cuando decidieron golpear aquello que para Israel representa, en términos laicos, lo sagrado. El predio de Reím es un bosque abierto levantado a cuatro kilómetros de la frontera de Gaza y al costado de la ruta 232. Allí más de tres mil jóvenes celebraban el festival de música electrónica de Supernova. A las seis de la mañana seguían bailando. Muchachos y chicas de 18 a 25 años. Haciendo lo que hacen los muchachos y las chicas en un festival en cualquier parte del mundo. Bailar, reírse, enamorarse. Todo empezó con señales de luz en el cielo. Creyeron que eran fuegos artificiales cuando en realidad eran señales del infierno. Después vieron los parapentos y los paramotores. Y en el acto las ráfagas con fusiles automáticos. Valerosos combatientes. Matando a chicas y muchachos “armados” con una botella de cerveza, un vaso de cartón con vodka. Más de 360 muertos. Baleados sin asco. Cazados como moscas. Los mataron en los autos, los mataron corriendo por el campo, los mataron escondidos en sus refugios. La consigna era matar y matar. No, no fue un combate o una batalla. Fue una orgia de sangre. “Asimetría”. Esa es la palabra que se suele usar para imputar a Israel por poseer más poderío militar que Hamas. Pues bien, aquí la palabra “asimetría” es la que mejor designa en términos realistas lo que sucedió ese fatídico sábado de octubre en las estribaciones del desierto del Neguev. El operativo se planificó minuciosamente. Y para ello dispusieron de recursos millonarios. Armas y dólares donados por Qatar, por Irán, por las conciencias culposas de Occidente. Los jefes de las agrupaciones terroristas calificaron a la jornada como un día glorioso, como una ofrenda a Alá. Nobleza obliga, la mayor autoridad religiosa islámica de la Franja de Gaza condenó el operativo, lo calificó de inhumano, de violatorio de las leyes de la fatwa. Dijo que estos ataques contra la población civil desarmada expone a su propio pueblo a una respuesta masiva y destructiva superior. ¿Premonitorio o lógico? No lo sé, pero en todos los casos Salman al-Dayah habló con el tono de la verdad y, por supuesto, a su fatwa de más de seis páginas los señores de Hamas se ocuparon muy bien en ocultar. A la hora de una evaluación completa, corresponde interrogarse acerca de lo que pasó con los sistemas de defensa de un país como Israel que dispone de uno de los ejércitos y de uno de los servicios de inteligencia más calificados del mundo. Sobre este tema también hay un “ruidoso” silencio. Se sabía, se supo, que desde hacía meses le advertían a las autoridades de Israel que en la Franja de Gaza había preparativos militares inusuales. Por motivos que aún se desconocen estas informaciones se desestimaron. ¿Quienes las desestimaron? ¿Los militares? Según se sabe, ningún jefe militar en Israel hace o deja de hacer sin una orden expresa de la máxima autoridad política. Han pasado tres años de la tragedia y aún no hay explicaciones definitivas. ¿Cómo no lo vieron los que disponen de la vista de un lince? ¿Cómo no los escucharon? ¿Cómo demoraron tantas horas en llegar en un país donde todo queda cerca? Yo no tengo respuestas a estos interrogantes, pero me da la impresión que quienes deberían tenerlas o no las tienen o las callan. Este mes hay elecciones en Israel. Una buena ocasión para que se discuta lo que pasó y por qué pasó. Se discuta y se investigue.
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CARNETS Rogelio Alaniz Elecciones en Brasil. Bolsonaro le ganó a Lula a pesar de que todas las encuestas decían lo contrario. Ganó por una pequeña diferencia pero ganó. Y dispone de altas, muy altas posibilidades de ganar en la segunda vuelta. Bolsonaro ganó por dos puntos, pero además del estímulo que significa ganar cuando todos dicen que sos perdedor, hay que añadir que Bolsonaro y sus candidatos ganaron más diputados, más senadores y más estados. Hasta el juez Moro ganó en su estado. De todos modos, que Bolsonaro no se haga los rulos. Lula sigue siendo Lula. La personalidad política más fuerte de Brasil. Su vida política tiene ribetes de leyenda. Fue tres veces presidente y no sé como le irá en su cuarta aspiración, pero en el peor de los casos será´ un derrotado con millones de votos a su favor. Al respecto, no nos llamemos a engaño. En Brasil la grieta es ancha y profunda, pero a su favor hay que registrar la gravitación de sus instituciones de poder permanente y en particular las fuerzas armadas y el empresariado. Puede que Bolsonaro sea presidente, pero sus arrebatos de campaña electoral necesariamente deberán ceder a los imperativos de la realidad. Brasil seguirá en el Brics, continuará comerciando con China y a su manera sostendrá el Mercosur, porque esa es la política, repito, de los poderes o los intereses permanentes, más allá de que el presidente se llame Bolsonaro o Lula.
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MILEI, CAPUTO Y EL ARTE DE LA MENTIRA Rogelio Alaniz I El presidente Javiel Milei anunció que si es reelecto el año 2028 será el mejor de nuestra historia. Esta vez el mandatario se ha permitido ser prudente en sus vaticinios sin perder, de todos modos, su tendencia escatológica acerca de los procesos políticos y económicos que él dirige. Dicho de una manera más austera, Milei es de las personas que tiene “la lengua fácil”. Desde que asumió, incluso desde antes, su tentación es hacer anuncios voluminosos que la realidad se encarga de desmentir. En términos callejeros hay motivos para sospechar que el presidente es mentiroso. Miente pero no sabemos si lo hace a conciencia o si cree en sus propias mentiras. A sus reñidas relaciones con la realidad le suma una vocación narcisista acerca de su protagonismo no solo en la historia nacional sino también en la historia mundial. Tan sorprendente como su audacia en adelantar pronósticos o en autoevaluarse con las máximas calificaciones, es la morbosa autoestima acerca de sus dones que en algún punto daría la impresión que poseen virtudes divinas. II A los pronósticos y acertijos, Milei incluye una condición indispensable para quienes suelen ser tentados por los timos verbales: miente, luego la realidad lo desmiente y él sigue hablando como si nada ocurriera o sencillamente da vuelta la página sin aclarar o corregir nada. No hace muchos días que en Argentina hay un récord histórico de consumo privado.Que los organismo técnicos dedicados a evaluar estos temas prueben que se han perdido más de 200.000 puestos de trabajos al presidente no le altera un músculo de la cara. Con el mismo fresco desenfado, afirma que gracias a su coraje civil fueron expulsados 30.000 terroristas. Acá estamos en un nivel que un profesional calificaría como cercano al delirio. Pero más allá de diagnósticos clínicos, lo que sorprende al observador atento es esta suerte de fascinación con el número 30.000. Milei habla de 30.000 terroristas expulsados como Hebe de Bonafini hablaba de 30.000 desaparecidos. Alguna vez habrá que honrar esta cifra. O instalarla como sinónimo de mentira, fraude o trampa. III En una reunión conocida por la Fundación Libertad, a la hora de hacer uso de la palabra ante una platea calificada, el presidente, con la elegancia verbal que lo distingue, augura que en las actuales condiciones y gracias a su maravillosa intervención, la economía crecerá “como pedo de buzo”. Un oyente común es probable que considere a este giro verbal como una grosería, pero está claro que para oyentes más exigentes estamos ante una sorprendente metáfora propia de alguien que dispone de insólitos recursos creativos para trabajar con el lenguaje. Seguramente en las mismas condiciones, Oliverio Girondo hubiera dicho “una erupción de globos aerostáticos en la sangre del mercado”, mientras que Borges es probable que dijera “un auge vertical y definitivo hacia el cenit”. Milei dispuso de su propia retórica. Y los presentes disfrutaron y coronaron con aplausos las proezas metafóricas del presidente que supimos conseguir. En otra exhibición verbal, sentenció que gracias a sus habilidades divinas logró sacar a quince millones de personas de la pobreza. Y lo dice sin un pestañeo. Con la misma exquisita soltura que exhibió cuando calificó a Patricia Bullrich de “Montonera asesina”. Oscar Wilde, afirma que cualquiera con poco y nada de imaginación puede decir la verdad, en cambio solo los creadores, los sensibles, los auténticos artistas son capaces de mentir porque la mentira hace falta genio, estilo, imaginación. Sin vacilaciones podemos decir, entonces, que Milei es un héroe wildeano. IV Milei no está solo en este acto de creación estética. Su maestro de economía, Toto Caputo ha anunciado con pétrea expresión que nos aguardan los mejores dieciocho meses de la historia. Los dieciocho meses llegaron y pasaron sin grandes novedades, pero la frase de Toto quedó grabada en los muros de la historia criolla. No conforme con sus aciertos ligüísticos, Toto aseguró que antes, los argentinos gastaban en zapatilllas, mientras que ahora compran autos. Eureka. Un espíritu maligno observaría que Toto no habla en nombre de todos los argentinos sino de sus amiguitos, de él y de sus amiguitos que efectivamente compran autos de alta gama aprovechando la justiciera iniciativa de eliminar los impuestos para los autos de alta gama. De aquí en más doña Rosa y el vecino jubilado de la otra cuadra podrán disfrutar de este merecido privilegio. ¿Cifras? A las pruebas me remito. Antes un Mercedes Benz estándar valía unos 105.000 dólares; ahora, gracias a la sensibilidad popular de Toto y Javier, vale unos 91.000 dólares. Una bicoca. Por fin un gobierno que se acuerda de los pobres. Con apenas noventa mil dólares usted, ama de casa, jubilado, empleado público, dispone de la oportunidad de acceder a un alta gama. Doña Rosa aproveche la ocasión que el mejor gobierno de nuestra historia le brinda para disfrutar como usted se merece de la vida. V Donde las dotes de Milei adquieren niveles de cumbre es cuando monologa acerca de la inflación. Sin ir más lejos, apenas asumió la presidencia aseguró que con el gobierno pasado la escala de inflación llegaría a los 17.000 puntos. Mentira morena. El 2023 llegó a 200 puntos, lo cual es una enormidad, pero pareciera que esa enormidad al presidente no le alcanza como a Hebe Bonafini y sus seguidores no le alcanza los ochos mil desaparecidos . Milei necesitaba los 17.000 puntos. Si los tahúres de calidad hacen magia con el naipe, es evidente que hay políticos que se distinguen por hacer magia con los números. Regresando al mundo de las realidades, lo cierto es que Argentina sigue exhibiendo uno de los índices de inflación más alto del continente. Por ejemplo, al curioso lector le debería llamar la atención que el país más pobre, incluso más sufrido y miserable del continente, Haití, exhibe un índice inflacionario muy por debajo del argentino. Lo cierto es que a la hora de la verdad inflacionaria, Argentina ocupa el segundo puesto en el continente y el cuarto en el mundo. No leyó mal. El gobierno más exitoso del mundo instala al país en el cuarto puesto en el mundo en materia inflacionaria. Le ganamos a Sudán, Irán y Venezuela. Algo es algo.
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ESCENA EN UN BAR Rogelio Alaniz Un bar en una avenida de una ciudad. Puede ser Santa Fe, pero para el caso no es lo que más importa. Está anocheciendo. En una mesa hay dos hombres y una mujer. Toman café, pero uno de ellos ha pedido una medida de whisky. Hablan en voz baja, pero no hay en sus gestos o en sus actos nada que llame la atención. Ni siquiera el movimiento de la mano derecha de uno de ellos, el movimiento de quien cierra y abre la mano como si la tuviera dormida. El bar tampoco se diferencia de cualquier bar de una ciudad. Es un lugar limpio y bien iluminado. Varias mesas están ocupadas. Gente que entra y sale. Un par de jubilados, una parejita. Lo de siempre. Cerca de la barra, la pantalla de un televisor que transmite un partido de fútbol. Un tipo de unos cuarenta años parece estar muy interesado en contemplar las vicisitudes de la pelota. De vez en cuando uno de los mozos se acerca a su mesa. Hablan como hablan dos personas que miran un partido. El mozo a veces suspende su atención para atender a un cliente. El hombre de a ratos mira el celular y escribe algo. La mujer que está con los dos hombres en la mesa pasa por su lado. Se dirige al baño. El hombre le presta una muy breve atención. Al rato regresa y se sienta a la mesa en la que están sus dos acompañantes. Nada extraño. Nada diferente a lo que es una escena de bar un día de semana cuando está anocheciendo. Los festejos de un gol. Nada excesivo. Uno de los jubilados le hace un comentario burlón a su compañero de mesa. El tipo que está con la mujer y su amigo se acerca al televisor tal vez para ver la repetición del gol. Como al pasar pregunta al hombre que está sentado frente a la pantalla con el celular en la mano cuánto falta para que termine el partido. La respuesta es breve. El que está parado mira la pantalla. La respuesta no coincide con lo que señala el minutero. Nada que importe. El hombre regresa a la mesa. Un auto estaciona casi en la puerta del bar. Las tres personas salen y se suben al auto. La mujer adelante, los dos hombres atrás. La mujer tropieza o pisa mal cuando está cruzando la puerta. Uno de los hombres la sostiene pero ella mueve el brazo como dando a entender que no ha pasado nada. El mozo está cerca de la ventana y mira el auto. Apoya la bandeja en la mesa y en una servilleta de papel anota un número. El auto arranca y dobla en la esquina. El hombre que está mirando el partido ahora habla con su celular. En la mano tiene el papel que le acaba de entregar el mozo. Se acomoda en la silla y extiende las piernas. El gesto de alguien satisfecho o que simplemente se despereza.
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CANCELACIÓN Por Rogelio Alaniz PARA LA NACION Ariana Harwicz, cancelada. No participó del festival de cultura organizado por la Universidad de Granada. No la excluyeron por ser argentina, mucho menos por vivir en Francia. Tampoco la excluyeron por los libros que escribió. Nada de eso. Digan lo que digan, la excluyeron por su condición de judía. No sé si Ariana conoce Israel. No lo sé y tampoco importa, porque a sus enemigos lo que les importa es su identidad judía. Como a Dreyfus, como a Ana Frank, lo que importa es la identidad judía. Cambian las excusas, cambian las coartadas, pero lo que se mantiene intacta es la judeofobia. Antes los condenaban por su condición religiosa; después los condenaban por la sangre que corría por sus venas. Antes los condenaban por no tener patria; ahora los condenan por tener patria. Ironías crueles de la historia. Al pueblo que sufrió el genocidio más brutal lo acusan de genocida. ¿Saben que fue un judío el que instaló la palabra “genocidio”? Rafael Lemkin se llamaba. Evoco su nombre sin ilusiones, porque a los herederos de la judeofobia de todos los tiempos estas noticias, o las ignoran o no les importan. Su pasión es cantar la consigna “Del río al mar”. Los judios que viven allí deben ser expulsados. Ya no hace falta Auschwitz o Treblinka. El Mediterráneo se encargaría de esa faena. Los que hoy aplauden la expulsión de Ariana podrán decir que el problema no son los judíos sino los sionistas, algo así como decir que el problema no son los cristianos sino los católicos. En todos los casos, a Israel le imputan pretender borrar a los palestinos de la faz de la tierra. Raro. En Israel viven dos millones de árabes que disfrutan de libertades y garantías que no existen en los despotismos que pululan en Medio Oriente. Tal vez será por ese imperdonable “pecado” que a Israel nada le está permitido. Ni siquiera el derecho a defenderse. El 7 de octubre de 2023 los cruzados de Alá violaron mujeres y asesinaron niños a diestra y siniestra. La respuesta “correcta” debía ser poner la otra mejilla. No lo hicieron. Judíos infames. “Asimetría” dice Enzo Traverso. Y lo dice en nombre de Marx. Una maravilla. Israel debe pedir disculpas por disponer de más poder militar que Hamas. Israel sostiene los valores de una democracia. Hamas defiende la teocracia. En cualquier parte del mundo Israel significaría el progreso y Hamas la barbarie. En cualquier parte del mundo, menos en Medio Oriente. Es verdad que en Gaza se ha derramado mucha sangre. Como es verdad que esa sangría podría haberse evitado si Hamas hubiera devuelto a los rehenes. O si en lugar de ocultar a sus jefes guerrilleros en los túneles hubieran privilegiado proteger a sus mujeres y a sus niños en esos túneles, y no asignarles la condición de escudos con la promesa del “paraíso” en las bucólicas praderas del “Altísimo”. Los responsables “occidentales” de la cancelación de Ariana aseguran que la democracia en Israel es un simulacro. Raro. Hamas se refugiaría en el integrismo islámico para aliviar “el trauma neocolonial”, según Traverso; Israel construiría una sociedad democrática para disimular sus pulsiones de muerte. Raro. Hamas sería una causa emancipatoria; Israel, un imperio colonial cuya riqueza, oh casualidad, no proviene de la explotación de sus nativos. Raro. Hamas, anuncia el genocidio contra los judíos, pero los genocidas son los judíos. Como contrapartida, sus psicofantes occidentales deciden cancelar a Ariana. Salvo John Banville. Por lejos, el mejor escritor de ese desdichado festival. Tranquila Ariana. El apoyo de Banville justifica con creces las burdas infamias de las turbas judeofóbicas.
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ARTIMAÑAS, AGACHADAS Y CONSTANCIAS DE LA POLÍTICA Rogelio Alaniz I Por el momento Milei puede dormir tranquilo. Por lo menos con relación a los que anuncian un estallido económico y una rebelión social. Los que auguran una catástrofe en el futuro inmediato compiten con los que consideran que Argentina ha emprendido el mejor camino, el camino abierto por la Generación del Ochenta y que los argentinos nunca deberían haber abandonado. Mientras tanto Argentina camina. No lo hace con elegancia, tropieza de vez en cuando, pero camina. Y Milei pretende ser el profeta. Los únicos que podrían arruinarle la ilusión no están en condiciones por ahora de hacerle sombra. Es más, el capital político más atesorado por el gobierno es agitar el espantajo del retorno de una oposición que hundiría al país en el abismo. ¿Es tan así? No lo sé. Pero por lo pronto hay muchos argentinos que le creen al gobierno. Muchos lo apoyan no por sus virtudes, sino por los vicios que portan los que se preparan para reemplazarlo. En versión charlatanería de bar, se dice que nos merecemos a Milei porque a este país solo lo puede salvar un loco. Refranero popular fundado en el sentido común más chato. No quiero ser ceremonioso, pero lo que la historia nos enseña es que al mundo no le ha ido bien con los “locos” II El principal rival de Milei por ahora es el propio Milei. No me consta que sea loco, condición que le atribuyen los que no lo quieren, aunque hay señales más que visibles de sus desequilibrios emocionales. Podemos elaborar el diagnóstico que más nos guste o el adjetivo que nos resulte más cómodo, pero ningún arrebato verbal por el momento lo desestabiliza. Ni a él ni a Karina. Dicho esto, agrego que Milei debe cuidarse de Milei. No concluyen allí las acechanzas. A Milei por ahora Kicillof no le despeina el jopo. Mucho menos Massa o Cristina. Más a la izquierda, Myriam Bregman festeja si en los próximos comicios obtiene el diez por ciento de los votos. Digamos que por el momento (y en estos temas, siempre las opiniones están condicionadas “por el momento”) el hombre está relativamente cómodo en su sillón de Rivadavia. Queda pendiente la promesa de la siempre postergada “alternativa de centro”. Un gobierno integrado por gente normal que toma decisiones normales atendiendo los principios de normalidad de la segunda década del siglo XXI. Queda pendiente, pero en este presente Milei está todo lo cómodo que se puede estar ejerciendo una responsabilidad como la de presidente que por definición es incómoda. III Si me fuera posible darle un consejo le diría que se cuide. El peronismo está golpeado pero sigue siendo fuerte. Y al menor tropezón suyo retorna como si jamás en su vida hubieran ejercido el poder y jamás en su vida se hubieran equivocado. La otra advertencia es más sigilosa. Se lo diría en voz baja y con la recomendación de que lo maneje con cautela. Javier: Patricia Bullrich quiere ser presidente. Nunca lo negó. Por ahora deslizó, como al pasar, que su aspiración era para el 2031. No sé si dice la verdad o si miente, pero para la lógica del poder ni las promesas ni las fechas importan. A la hora de aspiraciones en la Casa Rosada, Patricia es más fuerte que Kicillof. Hoy por lo menos lo es. No soy devoto de las encuestas y las mediciones, pero tampoco las niego. Y si en algo coinciden estos muchachos decididos a pronosticar con “recursos científicos” es que la política que mejor mide hoy es Patricia. Eso no quiere decir que automáticamente la vayan a votar o que automáticamente sea candidata a presidente. No quiere decir nada de eso, pero algo quiere decir. Y ese “algo” un político de raza nunca lo desprecia o lo subestima. O sea, como para arribar a una conclusión relativa, que la principal rival de Milei es Patricia. Por lo menos la más eficaz en términos de disputa por el poder. Que integre el mismo staff del presidente no quiere decir nada. En política “traicionar” no es un pecado mortal, a veces ni siquiera es una falta e incluso en determinadas circunstancias es una necesidad. IV La otra puesta en escena es internacional. Milei en Estados Unidos y en la ONU. Sus declaraciones de amor por Trump y su flamante porte de nacionalista malvinero. El muchacho insiste con sus rarezas, para decirlo de una manera suave. Habla en la asamblea de las Naciones Unidas y se dedica a sacudir a la institución cuyos miembros son los que más apoyan nuestras pretensiones malvineras. Cosas veredes Sancho. Después, sus amoríos a la hora de la siesta con Benjamín Netanyahu. Una confidencia personal. Un judío amigo de hace muchos años, argentino pero que vive en Israel desde los años setenta, me dice: “De esta pelicula ya imagino su desenlace: el romance de los argentinos con Milei va a terminar y la culpa de todo esto una vez más la vamos a tener los judíos”. Humoradas al margen, Milei apoya al Israel reaccionario, ultrareligiosos y conservador. Netanyahu no representa más que el quince por ciento de los votos. Lo demás son habilidades de rosquero profesional. Populista, tramposo, mañero, conocedor de los oscuros deseos íntimos de sus votantes. Conoce todas las trampas de la política. Miente de vez en cuando y dice la verdad de vez en cuando, pero no sabe cuando miente y cuando dice la verdad. Como dice y repite Fabián Calle, “Netanyahu es un cacique peronista del Conurbano extraviado en Medio Oriente”. Y hasta tiene una esposa, la dulce y temible Sara, que es una mezcla de Evita, Isabel, Chiche y Cristina. En Israel hay elecciones en octubre y mi amigo apuesta doble contra sencillo que Netanyahu pierde. Y después de la derrota lo espera la cárcel por sus causas abiertas por corrupción, además de una comisión investigadora que revele qué fue lo que pasó el 7 de octubre de 2023. Cómo pudo ser posible que uno de los servicios de inteligencia más eficaces del mundo y uno de los ejércitos más temibles, hayan sido sorprendidos. Ejercicios conspirativos o no, algo pasó. Y sobre este tema hasta el momento Netanyahu no ha dado una respuesta satisfactoria. V En los meses que vienen hay elecciones en Israel, en Brasil y en Estados Unidos. Todas nos importan de manera directa. Si Lula gana, la situación a Milei se le complica. Los insultos que le ha infligido a su par brasileño no tienen retorno. Y los que lo conocen a Lula saben que, como buen burócrata sindical, no olvida las ofensas y mucho menos si son gratuitas y provienen de la ultraderecha. Puede que gane Bolsonaro hijo. Todo es posible. Si eso ocurre las posiciones de Milei mejoran pero no tanto. En EEUU todos dicen que Trump pierde por paliza en las elecciones intermedias. Yo quiero ver esa paliza. Por lo pronto, los seguidores de Trump no piensan lo mismo. Por otra parte, en EEUU es un clásico que el presidente siempre pierde las elecciones intermedias y ello no conlleva una tragedia. Veremos. Lo que importa saber en todas las circunstancias es que en este país las políticas de estado son permanentes. Los Demócratas podrán ser muy correctos y los Republicanos muy conservadores; los Demócratas suelen exhibir encantadores modales y los Republicanos suelen ser más rudos. Unos se parecen a James Stewart; los otros a John Wayne. Pero, insisto, las estrategias del poder en sus líneas decisivas son las mismas. Los señores del Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA y la burocracia estatal saben muy bien que los presidentes pasan y ellos quedan.
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TÍO CIPRIANO Se llamaba Cipriano y era la oveja negra de la familia. Le gustaba la noche, el café con los amigos, tocar la guitarra y, por supuesto, el tango. Era más porteño que el obelisco. Vivía en un cuarto en la planta alta de la casa de mis abuelos. Allí se pasaba horas tocando la guitarra, escribiendo y leyendo novelas. Muchas veces acompañé a mi tío al café. Estaba sobre la avenida Lord Strangford y allí el caballero se encontraba en su ambiente. La imagen que recuerdo es la de un hombre respetado y considerado. Yo era un adolescente y me resignaba a mirar y a escuchar en silencio. Nadie me prestaba atención, pero aquellos hombres, aquellas voces, esas mesas de billar, esas cartas y eso dados sobre un paño verdel, no los olvido. Nunca me lo dijo, pero sé que estaba secretamente orgulloso de que lo acompañara al café. Mi madre renegaba, pero finalmente se resignaba. El tío imponía sus reglas. Tácitas, reglas que las dictaba con una mirada, un gesto, a lo sumo una frase. Estaba convencido de que debía aprender a su lado escuchando, mirando y respetando. Regresábamos a casa caminando. Casi no hablábamos. Y no le gustaba que le dijera “tío”. Creo que debo de haber sido el único sobrino que quería. Y una de las pocas personas que quiso en su vida. Pero nunca un beso, nunca un mimo, nunca una palabra cariñosa. Cerca de los cincuenta años entró a trabajar en el diario La Prensa. Genio y figura. Un conservador liberal y antiperonista como él no podía trabajar en otro lado. En esos años dejó la casa de mis abuelos, se despidió del barrio y se trasladó a un piringundín de Avenida de Mayo. Era austero y pobre, pero jamás le oí una queja. “Los conservadores no podemos permitirnos la licencia de quejarnos; dejemos esa debilidad para la izquierda”. De mis apuntes y de los papeles que heredé intenté escribir algo que no es un relato, no es un ensayo, no es una novela, mucho menos un poema, aunque, bien pensado, puede ser un poco de todo eso. Imagino los rezongos del tío: “Pero, sobrino, si no es un poema, un relato, un ensayo, una novela, ¿qué carajo es?”. No lo sé. Tal vez no sea nada. Tal vez sea un poco de algo. “Nos despedimos en una esquina, sobrino. Amanecía, lloviznaba y la ciudad parecía uno de los lugares más sucios de la tierra. Me fui a dormir y me despertaron después del mediodía. El que me dijo que se había suicidado fue don Martín, el dueño del cabaret. Tomó las pastillas necesarias como para matar una tropilla de caballos salvajes. Ella siempre se jactó de la eficacia de sus decisiones. El velorio fue breve. Al otro día en el hotel me dijeron que ella había dejado una carta dirigida a mí. Esa nochecita pasé a buscarla y la guardé en el bolsillo del saco. Salí de casa y cuando llegué a la esquina de la avenida, saqué el encendedor, le prendí fuego a la carta y esperé a que se quemara. Después tomé un taxi y le dije que me llevara al Club porque había una mesa de póker que me estaba esperando!”. "En los temas del amor, sobrino, las mujeres siempre saben algo más que nosotros. A veces son detalles, a veces son cuestiones de fondo, pero saben más. Por lo tanto, es hora que sepas que el verdadero talento de una mujer no reside en las mentiras que dice, sino en las verdades que calla". "Si en la vida vas a andar por derecha te recomiendo que cumplas con la ley aunque de vez en cuando y con la prudencia del caso podes tomarte una licencia porque un orden legal habilita ciertas licencias para funcionar sin oxidarse. Pero si vas a andar de zurda, sobrino, allí no tenés escapatoria: tenés que respetar la ley, la ley que los hombres del hampa. Nunca lo olvides, sobrino: para andar de zurda es necesario ser derecho". "Los policías. sobrino, son siempre un dolor de cabeza. Si son corruptos son jodidos y si son rectos suelen ser más jodidos aún. En definitiva, es muy dificil relacionarse con ellos y es mucho más difícil no tener ninguna relación con ellos. Al City lo allanaron muchas veces, pero el operativo que más recuerdo fue el de aquella noche de verano en que entraron antes del segundo show y a los matones les sacaron las pistolas, a los estafadores las chequeras, a los cafisos las billeteras y a las putas los lápices de labios". "Durante dos días seguidos, sobrino, estuvimos jugando al póker sin parar. Cuando se terminaron los cigarrillos, fumamos los puchos que estaban aplastados en el cenicero; cuando se terminó la ginebra, el dueño de casa fue al baño y regresó con un frasco de perfume que lo tomamos mezclado con agua y unos terrones de azúcar. Entonces éramos invulnerables e inmortales. Podíamos prescindir de la comida y del sueño. También de las mujeres". "No le tengas miedo a la muerte, sobrino. Trae mala suerte. Tampoco ames demasiado a la vida. Aprendé, eso sí, a quererte a vos mismo. Lo necesario y lo justo. Tampoco aquí te pases de rosca. No es la noche o el alcohol o las minas los que liquidan a los hombres; lo que los liquida en serio es que en algún momento, vaya uno a saber por qué motivos, dejaron de quererse". "En la noche si hay que pelear se pelea. Un hombre pelea siempre y no le interesa saber si gana o pierde. No sé si una mujer te va a querer porque peleás, pero sí estoy seguro es que ni no sabés pelear nunca te va tener respeto. Y una mujer, sobrino, a un tipo que no respeta, tampoco lo quiere. Delante de la mujer de la que alguna vez te hablé, me agarré a trompadas una sola vez. Nos sacudimos de lo lindo, pero el que terminó en el suelo dormido fui yo. Y algunos días después fue ella la que me dijo que nunca estuvo más enamorada de mí como esa noche en la que uno más pegador que yo me dio la biaba. "Sobrino, era carnaval, en un tiempo en que la palabra carnaval era sinónimo de alegría y placer. Pero ese año yo estaba escondido en una casa de campo y no podía ni en broma caminar por la ciudad. Estaba solo, abandonado como un perro. Y tomaba agua y comía pan con sardina. Desde la ventana miraba la noche, el cielo salpicado de estrellas y allá, al final del horizonte, me parecía distinguir las luces de la ciudad, y me parecía escuchar la música y verla a ella en brazos del hombre responsable de que yo estuviera perseguido y amenazado de muerte". Tío Cipriano. No sé si fue el mejor tío del mundo, pero muchos pagarían lo que no tienen por tener un tío como el mío. Solterón empedernido. Murió solo y anónimo, condición de la que siempre se honró. Tomaba café y fumaba cigarrillos negros sin filtro. En el cabaret prefería un vaso de whisky o una ginebra. Nunca lo vi borracho, pero más de una vez me habló de sus viejas borracheras. En el ambiente del hampa lo respetaban y las mujeres lo querían. Soy más preciso: las putas lo querían. Sus pasiones reales eran el tango, la literatura y el naipe. Sus escritores locales preferidos eran Arlt, Borges y Martínez Estrada. No le gustaba la poesía –eso me dijo una vez- pero en su cuarto vi a César Vallejo. Fue la primera persona que me habló de la novela “negra” norteamericana, en un tiempo en el que todos preferían la novela inglesa con enigmas y cuartos cerrados. Me avisaron tarde de su muerte y no lo pude acompañar al cementerio. Lo despidieron sus viejos amigos, tan anacrónicos y leales como él. Pidió que lo cremaran y que sus cenizas las desparramasen en la puerta del viejo café de su barrio, café que, casualmente, hacía unos cuantos años que tenía sus puertas cerradas. Pero él insistió que quería que sus cenizas las tiren allí, sobre el pavimento, cerca del cordón y más cerca de la esquina. De herencia dejó poco y nada: la guitarra, unos discos viejos de Gardel; de su pequeña biblioteca a mí me tocó en el reparto “Viaje al fin de la noche” y “Las palmeras salvajes”. También un mazo de cartas de póker, un cubilete de dados, servilletas viejas de tela de un hotel que no existe, pañuelos manchados de rouge o de sangre (nunca pude saberlo), borradores de cuentos escritos con una vieja máquina de escribir, fotos de mujeres de la noche, fotos de mujeres fumando, fotos de mujeres brindando con él. De todo aquello que cuento han pasado una ponchada de años. Mi tío no está en ninguna parte porque él se preocupó de desaparecer dejando apenas unas huellas que solo quienes lo conocimos podemos distinguir. Alguna vez mi primo habló de visitarlo en el cementerio. Pobre mi primo. No le di muchos detalles, simplemente le recordé que el tío no estaba en la Chacarita y que alguna vez, cuando la huesuda lo merodeaba, me dijo: "Buscame en cualquier parte, sobrino, menos en el cementerio o en alguna iglesia…nunca me gustaron esos lugares y, además, creo que hice méritos para no merecerlos”. No sé si el primo entendió lo que le dije. Por mi parte, yo me dediqué a buscarlo por los lugares que él había aconsejado. Y más de una vez, a cierta hora de la noche, en cierto cabaret, un rato antes o un rato después del show, cuando ya los músicos están guardando los instrumentos en las fundas, y el cantor conversa con una chica que se parece mucho al tango con el que se despidió del escenario, y los muchachos beben en la barra, y las putas se preparan para salir con el último cliente de la noche, tuve la certeza, la sentí en el cuerpo, que él, merodeaba en el ambiente con su traje gris cruzado, su peinado a la gomina, su funyi requintado y el cigarrillo en la mano. Una sola vez vino a Santa Fe. Había una carrera de caballos importante en el hipódromo y él llegó con dos amigos que se parecían a él como, en realidad, se parecían a él todas las personas que lo acompañaban. Un cuidador de caballos que ya no está era su contacto en la ciudad. Se habían conocido en Buenos Aires y de vez en cuando se hablaban por teléfono para pasarse datos o apuestas. Esa noche hubo un asado en el stud que él atendía. El tío me llevó y pude conocer una ciudad de Santa Fe para mí ignorada. Al otro día lo acompañé al hipódromo y esa misma noche nos despedimos con un abrazo. Me enteré después que demoraron casi una semana en llegar a Buenos Aires porque fueron parando en las diversas ciudades y pueblos de la ruta donde siempre había amigos que los estaban esperando. Fue la primera y última vez que vino a Santa Fe y la última vez que lo vi.
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CHINITAS Rogelio Alaniz Al cuerpo de María Soledad Morales lo encontraron a un costado del camino en una ruta desde donde se contemplan las cumbres del cerro Ancasti y las huellas de la cuesta del Portezuelo. Yo estuve allí y sé de lo que hablo. María Soledad estaba muerta y sus asesinos se ocuparon a conciencia de que así sea. La violaron, la golpearon, la desfiguraron y de aquella adolescente de 17 años lo que quedó fue un pañuelo y un anillo. Los hechos ocurrieron en la ciudad de Catamarca gobernada por el hijo de uno de esos señores feudales que suelen ejercer el poder en estas provincias. Enseguida se supo que en el crimen estaban comprometidos lo que se calificó como “los hijos del poder”. Por supuesto, sus padres movieron influencias y recursos para que todo quede en la nada. No era la primera vez que los “niños” excedidos en copas se les iba la mano. En esos días se supo que una de las señoras del patriciado local comentó en el club social que a su hijo se le había muerto una chinita. Lo dijo mientras jugaba a la canasta con sus amigas. Un comentario al pasar, tan irrelevante como encender un cigarrillo o murmurar algunos de esos chismes que hacen las delicias de estas elegantes señoras. Lo cierto es que por una suma azarosa de circunstancias esta vez las damas y caballeros del poder no se salieron con la suya. La noticia del asesinato de María Soledad salió de las fronteras de Catamarca, ganó la tapa de los diarios y de las pantallas de los programas de televisión, mientras que en la ciudad la monja rectora del colegio donde estudiaba María Soledad movilizaba a los estudiantes y después a toda la ciudad ante la impotencia del gobernador y su corte. No fue sencillo condenar a los asesinos, pero finalmente fueron condenados. Yo estuve en el tribunal donde los jueces dictaron la sentencia. A uno de los principales responsables le dieron cerca de veinte años. Una multitud de periodistas y de curiosos aguardaba en la calle. Menudearon los silbidos y los insultos. Yo vi a una señora que casi a mitad de cuadra contemplaba con expresión desencajada por el dolor el espectáculo. Enseguida supe que era la madre del criminal. El mismo rostro y hasta diría la misma ropa y la misma voz. Más de una vez en el bar del hotel hablamos de esa mujer a la que condenábamos sin atenuantes. Sin embargo, me acerqué para hablar con ella. A los periodistas se nos ocurren esas cosas. No recuerdo qué le pregunté, pero sí tengo presente sus palabras: “Déjeme mirarlo por última vez”. Más que un pedido se parecía al ruego de una mujer vencida. No le dije nada. ¿Para qué? El furgón celular avanzaba despacio. Y el sonido de los insultos crecía. La señora en la mitad de cuadra, sola. La tomé del brazo y le dije que me acompañe. No se resistió, no dijo nada. Caminó a mi lado hasta la otra esquina. Esperé un taxi, que llegó justo en el momento en que un grupo de mujeres jóvenes la reconocían y empezaban a insultarla. Paré el taxi, abrí la puerta y le dije al taxista que la llevara. El taxista alcanzó a preguntarme quiénes eran esas mujeres . -Son una chinitas -le dije- unas chinitas a las que no se les ocurrió por ahora morirse. La señora no sé si me escuchó o si entendió lo que quise decir. El taxi arrancó y pasó por la puerta del edificio de tribunales que aún estaba abierta, aunque las luces empezaban a apagarse. A ella no la vi nunca más.
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CAMPANEANDO EL FUTURO POLÍTICO Rogelio Alaniz I Si me preguntan quién gana las elecciones presidenciales, respondo sin vacilaciones: no lo sé. Y mi incertidumbre coincide con la incertidumbre de todo analista y político que no se deje tentar por sus deseos y admita las paradojas de la realidad. Seguro que Milei quiere ser presidente, un deseo que seguramente sostiene Kicillof en la vereda de enfrente. Pero ni MIlei ni Kicillof están solos a la hora de defender su ambición. Por lo que pude averiguar, o atendiendo a los rumores que circulan, los peronistas no están muy entusiasmados con Axel. Los kirchneristas, porque a esta altura del partido lo consideran casi un traidor. y a los peronistas ortodoxos este muchachito porteño con aficiones izquierdistas no los termina de convencer, además del recelo que le despìerta a todo peronista de pelo en pecho un gobernador que se jacta de no ser corrupto. El otro candidato en la grilla es Sergio Massa. Aunque suene a herejía de mi parte, digo que es el dirigente más capacitado políticamente si por política entendemos capacidad para lidiar con las redes e intereses del poder. Sinceramente no creo que esas virtudes a Massa le alcancen para ser el candidato del peronismo y sobre todo para ganarle a Milei. II En el gobierno, en lo que podríamos tomarnos la licencia de calificar como una coalición de derecha y ultraderecha, tampoco soplan aires de victoria. Hay una brisa ganadora, pero si le vamos a creer a los señores dedicados a ganarse la vida midiendo la opinión pública, sus adhesiones electorales no son “avasallantes” como a los hermanitos les gustaría creer. El presidente dispone de la ventaja de ser presidente y manifestar voluntad de poder. No es poca cosa. También juega a su favor que hasta la fecha las condiciones de gobernabilidad se sostienen. Algunos podrán decir que mucho, otros podrán decir que poco o muy poco, pero con las quejas y los lamentos del caso, el país “funciona”, no hay puebladas, piquetes a mansalva, huelgas generales. En estas condiciones o, para ser más preciso, mientras esas condiciones no se modifiquen, Milei dispone de posibilidades para ser reelecto. Claro, falta un año para ir a las urnas y en ese tiempo todo puede cambiar, pero mientras la gobernabilidad funcione como lo ha venido haciendo estos tres últimos años, habrá que prepararse para disfrutar o padecer a la parejita de hermanos por cuatro años más. Insisto en mis prevenciones: todo esto ocurrirá mientras el actual escenario no se altere en sus líneas principales. III De todos maneras, las disputas políticas no se cierran con este balance atendiendo los trazos más gruesos de la política. Alguien podría decir con cierta cuota de razonabilidad que no hace falta que el país estalle en pedazos para que Milei, por ejemplo, sea derrotado en las elecciones. Para los amigos de las premoniciones, les digo que en principio habrá que ver cual es el humor de la gente dos meses antes de los comicios. Y más que el humor, habrá que indagar cómo están los bolsillos de los contribuyentes. El bloque de poder de La Libertad Avanza es fuerte, pero no por eso deja de estar sacudido por temporales internos que por el momento no parecen ser graves, pero pueden llegar a serlo. No creo que Victoria Villarruel tenga chances presidenciales, pero sí dispone de posibilidades de jugar una carta que aunque no sea ganadora, acumule algunos puntos a su favor. Dicho de otra manera: Victoria no gana pero puede molestar o quitarle a Milei un paquetito de votos que en una disputa final pueden llegar a ser decisivos. En el Pro, la última palabra en materia de alianzas no está dicha. Ni siquiera la penúltima. Nadie, creo que ni siquiera él mismo, sabe qué hará Macri en el futuro inmediato. Los que lo conocen, dicen que el expresidente no ha renunciado a sus ambiciones políticas, pero tampoco ha renunciado a los placeres personales que le brinda la FIFA y los campeonatos de bridge. En todos los casos, la impresión es que el hombre preferiría en la actualidad actuar de planificador de estrategias o consejero. ¿Tiene ambiciones presidenciales? No lo sé. Pero si las tiene va a tener que hacer algo más que lo que está haciendo. O confiar en su buena estrella y esperar que el poder le llegue servido en bandeja porque todos los que lo disputaban fracasaron. En todas las circunstancias, no creo que ni Milei ni su hermanita pierdan el sueño por Macri. IV Otra cosa es Patricia Bullrich. La señora lo ha dicho y lo sigue diciendo: quiere ser presidente. En algún momento aclaró que ese cargo lo disputará en 2031, pero los que la conocen saben que si en los próximos meses, o en las próximas semanas, se le presenta la oportunidad no vacilará un instante en buscar el gol, es decir, el sillón de Rivadavia, Por lo pronto, es la dirigente que mejor mide en términos de imagen personal. Nada extraordinaria su popularidad, pero alcanza y sobra para ganarle a los otros. En su intimidad, Patricia seguramente estima que la mala suerte o la perfidia conspiraron contra ella para impedirle ser presidente en 2023. Jugadora experta en estos menudeos, olvidó las injurias que le infligió Milei durante la campaña y se fue con sus votos a refugiarse en el regazo del flamante presidente. Lo hizo bien, pero como cualquier observador podría apreciar, cada vez que puede diferenciarse del gobierno lo hace. Y cada vez lo hace de manera más evidente. Por supuesto, la realización de sus ambiciones no serán fáciles. Hoy las fichas están a favor de Milei, pero también hay que decir que al señor presidente no le sobra nada y al primer tropezón o al segundo o tercer disparo al pié, las cosas se le pueden complicar. Patricia es una rival de temer, sobre todo porque es casi un secreto a voces que los detentadores del poder real están algo hartos del “loco” y estarian dispuesto a inclinar sus recursos a favor de que después de todo es una Bullrich Pueyrredón, Una observación en homenaje a memorias recientes considero necesaria formular: cuando Patricia disputó la candidatura presidencial en 2023, lo que los argentinos contemplamos, incluso con asombro, es a una mujer incapaz de elaborar dos ideas juntas, ni siquiera dos frases juntas. No sé si esa falta será irreversible o producto de circunstancias especiales. Tal vez con una buena fonoaudióloga estas carencias se remedien. Entre el “pudió” de Kicillof, los despeñaderos verbales y lascivos del presidente y los farfulleos de Patricia, todo es posible en esta Argentina donde pareciera que resulta muy difícil, incluso para los aspirantes a las máximas investiduras, superar las más elementales exigencias de una prueba PISA Ver menos
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RIBERAS DEL CORAZÓN I Cuando a Britos lo metieron en cana, en el acto supe que la temporada no sería breve y mientras tanto yo sería la única persona -por lo menos la más confiable- para atender sus necesidades, es decir, conseguirle un abogado que lo defienda sabiendo de antemano que a Britos se lo podía acusar de cualquier cosa menos de “inocente”. La segunda tarea que me aguardaba, tal vez la más complicada, era ir al prostíbulo de Rosario a cobrar las rentas que le correspondían en su condición de “marido” de dos mujeres. Esa tarea no me resultaba para nada agradable, pero Britos me lo había solicitado y yo a él no le podía -por motivos que me cuidaré muy bien de revelar- decir que no, mucho menos en ese momento. Además, no ignoraba por qué Britos me pedía este favor. Y no lo ignoraba, porque si bien yo estoy muy lejos de ser un santo, era la única persona en la que él podía confiar a pesar de todo, la única persona que no se iba a aprovechar de su situación para sacarle ventajas. II Viajé a Rosario decidido a hacer las diligencias del caso. Ya sabía que a doña Beatriz la iba a encontrar alrededor de las dos de la mañana en su lugar de trabajo. No me hice anunciar como corresponde, porque la situación de Britos era muy delicada y no era oportuno correr riesgos innecesarios en un ambiente donde la alcahuetería y la delación están demasiado extendidas. Llegué a Rosario alrededor de las diez de la noche, cené en un restaurante discreto, hice un par de llamadas por teléfono para confirmar algunos rumores y después me entretuve haciendo tiempo en un cine que anunciaba una película de Wim Wenders. Para mí tranquilidad, no me crucé con ningún conocido y entre Wenders y un whisky en un barcito no muy lejos de boulevard Oroño, se hizo la hora. Si algo sé hacer bien en esta vida es pasar desapercibido, no llamar la atención y entretenerme sin necesidad de compañía. III Doña Beatriz administra su prostíbulo desde hace muchos años, tal vez demasiados. Alguna vez fue considerada la mujer más linda de la noche. Alguna vez. A la belleza se la comieron los años y el rigor de un ambiente que por un motivo o por otro siempre te deja alguna marca en la cara, pero con sus sesenta años largos cumplidos, la belleza de doña Beatriz fue sustituida por esa extraña mezcla de cortesía en el trato e inescrupulosidad en los actos. Supongo que quien trajina en estos negocios muchas más alternativas no dispone. Cuando llegué al local, una mujer estaba cantando canciones brasileñas y en la sala flotaba ese leve rumor de voces que se confunde con la penumbra de un clima donde la oferta es el sexo, aunque se equivoca el que supone que esa es la única oferta. Mi presencia, tal como yo lo esperaba, a nadie le llamó la atención. Y con el único hombre que hablé le dije las palabras necesarias para que me permitiera pasar al despacho de doña Beatriz, un privilegio que muy pocos disponen. IV Me recibió con su proverbial cordialidad, aunque yo sabía muy bien que con la misma cordialidad y la misma sonrisa alegre podía dar la orden para que vos lamentes mucho haberla conocido. Una chica jovencita estaba con ella, pero apenas llegué desapareció como si fuera una sombra. Mientras compartíamos un whisky conversamos de cosas sin importancia. Doña Beatriz podría muy bien ser una diplomática, porque no he conocido persona que con exquisitos modales oculte lo que piensa. La madame sabía por qué estaba yo en su despacho, como también sabía que Britos era mi amigo. Es decir, estaba al tanto de todo, incluso de aquello que yo no quisiera que se supiese. En algún momento se asomó un tipo por una puerta que yo no había visto y doña Beatriz le dijo con un gesto de la mano que desapareciera Finalmente hablamos de los números. Y si bien no me dio la plata que correspondía, el descuento no fue muy importante, una atención discreta de ella a Britos con el que venía trabajando desde por lo menos seis o siete años. Le pregunté por las mujeres de mi amigo lo que se pregunta en estos casos: su salud y si trabajaban como correspondía. Ninguna novedad, aunque casi cuando nos estábamos despidiendo me dijo que una de las “chicas” se había ido con un empresario de Córdoba, una falta grave en el ambiente, falta que doña Beatriz en otras circunstancias debería indemnizar, pero atendiendo la emergencia carcelaria de Britos, la infracción le saldría gratis, por lo menos mientras mi amigo estuviera preso. V Esa misma noche regresé a Santa Fe. Nada del otro mundo. A pesar de su juego tramposo, doña Beatriz me entregó una buena suma de dinero que supongo iría destinada a pagar los honorarios del abogado. Digo “supongo”, porque de acuerdo a lo tácitamente convenido, ese dinero yo se lo debía entregar a Sandra, la esposa de Britos. En principio, todo estaba más o menos claro, salvo dos circunstancias: la mujer que se fue con el empresario de Córdoba, lo cual, como ya dije, era una falta grave cuando no sospechosa y, en segundo lugar, Sandra, la esposa de mi amigo, a la que yo conocía de otros tiempos. Más o menos cerca del mediodía fui a la casa de Sandra. No voy a decir que vivía en una mansión, pero su casa estaba bastante por arriba de lo que eran sus expectativas de vida cuando era más joven y personajes como Britos no figuraban en su lista de amigos. VI Hice lo que correspondía respetando los códigos del ambiente. En primer lugar, a una mujer que tiene un marido como Britos, no se la trata de “vos”. En segundo lugar, una mujer en esa condición jamás hace pasar a un hombre -aunque fuera el íntimo amigo de su marido- a la casa. Se atiende en la puerta y se habla lo menos posible. Ni sonrisas, ni apretones de manos y, mucho menos, esos besos a modo de saludo que distinguen la buena educación en otros lugares. Sandra me saludó como si no me hubiera visto nunca en su vida. Le entregué el dinero y me miró como dando a entender que esa no era la suma convenida. Una mirada fría, dura, la mirada de una mujer convencida de que cada uno de los actos de la vida posee un precio que para bien de todos conviene pagar. Le expliqué lo de la mujer y su empresario cordobés, y por lo cara que puso advertí que ya estaba enterada del incidente y esa noticia no la alegraba. Después me dijo: “Dígale a su amigo que se equivoca conmigo si cree que yo soy imbécil”. La frase de Sandra no me sorprendió, porque alguna vez aprendí que de ella nada debía sorprenderme. Tampoco le dije que yo no era su mensajero y mucho menos con mi amigo. Estuve tentado a decirle otra cosa, pero preferí callar. Nos despedimos sin palabras y yo me fui caminando en dirección al centro. Hacía calor y tenía ganas de encontrar un bar y tomarme una o dos jarras de cerveza. Estaba cansado, estaba preocupado porque no sabía qué le diría y qué le dejaría de decir a Britos cuando el domingo lo visitara en la cárcel y, sobre todo, estaba afligido o fastidiado porque mi situación con Sandra seguía siendo, para decirlo de una manera suave, peligrosa.
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