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A veces la poesía sostiene nuestros pasos y nos lleva en sus versos...🌺🎶🌸💕

Osorno, Chile 🇨🇱
Joined July 2025
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La vida inevitablemente me lleva hacia tus brazos.
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La mayor tragedia del hombre no es perderlo todo. Es perder aquello que da sentido a todo. Cuando Dios desaparece del horizonte, la vida corre el riesgo de convertirse en una sucesión de experiencias sin un destino último. ¿Por qué buscar la verdad? ¿Por qué sacrificarse por el bien? ¿Por qué soportar el sufrimiento? La fe cristiana no nos ofrece una vida sin dificultades. Nos revela algo infinitamente mayor: que nuestra existencia tiene un origen, un propósito y un destino. No somos fruto de un universo indiferente. Somos criaturas amadas por un Padre que nos llama a participar de su vida. Y ese camino tiene un nombre: Jesucristo. Porque cuando sabes quién te ha creado, comprendes para qué has sido creado. La fe no elimina las tormentas. Te recuerda que no caminas solo. 🙏🏻✝️
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Lord Jesus Christ, Son of God, have mercy on me, a sinner. #TheJesusPrayer
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Sólo tus ojos logran abrir puertas que parecían selladas en mí y con el alma aún temblando te devuelvo la mirada comprendiendo que solamente tú...nadie más que tú.
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Donde quiera que vayas visita siempre al Santísimo. Jesús te espera en cada Sagrario, ilusionado por verte. No lo dejes solo. Visítalo y dile que le quieres, una y otra vez. Él merece esto y más. “Te quiero Jesús”.
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Nuestro corazón va guardando pequeños instantes en su memoria...
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"Entonces la belleza en el rostro de una mujer virtuosa agrada a los ojos, golpeando el corazón profundamente. Puede surgir un anhelo por lo placentero, a veces tan largo que permanece en ese lugar. El espíritu del amor despierta de su sueño." —Dante Alighieri.
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"Podrá nublarse el sol eternamente; Podrá secarse en un instante el mar; Podrá romperse el eje de la tierra Como un débil cristal. ¡todo sucederá! Podrá la muerte Cubrirme con su fúnebre crespón; Pero jamás en mí podrá apagarse La llama de tu amor." —Gustavo Adolfo Becquer.
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Amanece. Y el monte quien primero lo sabe, antes que el pastor, antes que el pájaro, antes que yo, que aún sueño que despierto.
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«La virtud es más perseguida por los malvados que amada por los buenos.» Miguel de Cervantes, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha
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Espero que alguien te busque, te ame y se convierta en poesía, sólo por tí.
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Llegan las olivas al molino. Allí se hace oro sin saberlo. Como tantos de nosotros: que valemos más de lo que nos pagan.
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DEBES ACOSTUMBRARTE A ESTAR SOLO El hotel tenía el encanto propio de la corrección y elegancia suiza. Cristal, piedra clara, madera, bronce, un portero de sonrisa perfecta y traje impoluto. Lucía me esperaba en el bar del entrepiso, sentada de lado en la mesa, las piernas larguísimas cruzadas de manera que el vestido negro se abría apenas por encima de la rodilla. A los cuarenta y tres seguía siendo la mujer más bella de cualquier habitación en la que entrara. El cabello, ahora más oscuro y más corto de lo que yo recordaba, le caía en hermosas ondas sobre un hombro. Había aprendido a no sonreír de inmediato. - Veinte años -dijo cuando me vio-. Parece mentira. Cómo se pasa la vida. Pidió un espresso doble. Yo pedí un café au lait. Durante la primera hora hablamos de gente que ya no existía: profesores muertos, amigas que se habían mudado a ciudades lejanas, anécdotas sueltas. Recordamos su Mustang rojo que Lucía había chocado en un parking del French Quarter en New Orleans y que nunca volvió a reemplazar. También hablamos de los entrenamientos de entonces: ella en el equipo de tenis de la universidad, yo con los maratonistas, corriendo kilómetros bajo el sol o la lluvia. Luego, sin transición visible, soltó la frase. - "Debes acostumbrarte a estar sola". Eso me dijo mi terapeuta hace dos días. Que el problema era mío por no aceptar que a esta edad ya no se encuentra a nadie decente. Me miró como si esperara que yo asintiera. No lo hice. No iba a hacerlo. - Julien y yo rompimos al salir de la universidad. Después conocí a un banquero en Nueva York. Divino. Bueno... casi. Nos casamos, tuvimos a Clara. El divorcio fue hace tres años. No queríamos lo mismo. Es que no tengo suerte en el amor. Se pasó los dedos por el pelo con un gesto que todavía era de cuando tenía veintitrés. El anillo de diamante -delicado, de corte antiguo- brilló un segundo y desapareció otra vez entre las ondas. -Lucía -le dije-, el problema no es que no hayas tenido suerte. El problema es que sigues hablando del amor como si fuera algo que te ocurre o que no te ocurre. Como si fuera una lotería. La mayoría de la gente que se divorcia y luego se queja de que “nadie me ha sabido querer” en realidad no tiene una idea clara de lo que es querer. Solo tienen una idea muy clara de lo que quieren recibir. Ella sonrió de lado, con la sonrisa amplia que usaba cuando algo le molestaba pero que le evitaba pelear. - Tú siempre te pones intensa con estas cosas. - Porque son intensas. Dime una cosa y no me mientas porque te conozco: ¿alguna vez hiciste un sacrificio real por tu marido? No hablo de las concesiones de todos los días, esas que en el fondo son pruebas de poder. Hablo de una decisión que tomaste, una que te costó algo importante, que no le contaste porque no necesitabas que te lo reconociera, y que hiciste porque lo querías a él y no porque esperabas algo a cambio. ¿La hiciste alguna vez? Calló. El barista pasó con la bandeja. Nos dejó unas galletas y mazapán de cortesía. Afuera, el lago Lemán se veía plano y gris bajo el cielo nublado de noviembre. - Eso es muy difícil de medir -dijo al fin. - No, no es difícil. Es incómodo. La verdad es incómoda. Cuando uno se adecúa y actúa en la verdad cruda y dura, todo es fácil, Lucía. El diamante ese te lo regaló él, ¿verdad? Es un gesto bello. Al principio se regalan cosas y está bien. Pero el amor de verdad no es el regalo. El amor es lo que uno decide entregar cuando ya no hay espectáculo ni nadie a quién impresionar. El amor se talla en el sacrificio. Y si tú nunca lo hiciste, no es que "no hayas tenido suerte en el amor": es que no sabes qué es. El otro, cuando ve que amas de esa manera, aprende y responde. El otro, cuando ve que amas de esa manera, te imita. No porque el sacrificio sea contagioso ni porque él sea noble, sino porque es la única forma visible, tangible y concreta de amor que existe. El sacrificio es el único circuito por el que el amor puede circular de verdad. Todo lo demás es un contrato de beneficios. Y los contratos se terminan cuando uno de los dos deja de recibir lo que esperaba. Lucía giró la taza entre los dedos. El esmalte de las uñas estaba perfecto. - Claro. ¿y según tú la mujer es la que tiene que empezar a sacrificarse? - No es porque yo lo diga. Es porque así opera la naturaleza humana. Porque para eso hemos sido creados. Para entregar incluso hasta el sacrificio. Es lo único que nos llena al vivir y dejamos al morir. Es lo único que nos prepara para la eternidad. La mujer es la que trae la vida y la que la sostiene los primeros años. Esa capacidad de entregarse sin garantía ni medida está en ella de forma más inmediata. El hombre, si es hombre, entiende que debe estar dispuesto a morir por ella si hace falta. Pero necesita ver que del otro lado también hay entrega, no solo demanda. Cuando eso no existe, lo que queda es una mujer esperando que una piedra salte sola. Y luego se sorprende de que la piedra no salte. - Eso suena a lo que decían las abuelas. - Las abuelas no estaban equivocadas. ¿Por qué crees que el mundo de hoy no las entiende? Porque ellas eran todo sacrificio. Y en el sacrificio brota el amor. ¿Alguna vez te preguntaste por qué las abuelas siempre están rodeadas de gente? Porque son fuentes de amor. Incluso, de muy viejas se quedaban sin parte de su pensión para dártelas a hurtadillas. Eso las llenaba de felicidad. Grábate esto: llenarse de felicidad. Entregar amor llena el vacío. El problema de ahora no es que las mujeres quieran más. El problema es que se les ha dicho que deben tenerlo todo sin entregar nada que duela. Que el amor propio consiste en no sacrificarse nunca. Que si algo duele es que el otro es un insensible o que “no te valora”. "El amor no debe doler" repite un mundo estéril. Y entonces terminas con mujeres que se derrumban cuando se les rompe una uña o cuando el hijo tiene fiebre a las tres de la mañana. Porque nunca aprendieron que el amor, el de verdad, exige y tiene un costo. No es parasitismo elegante. No es una lista de requisitos que el hombre debe cumplir para "merecer" tu presencia. Cuando eliminas el sacrificio, lo que queda no es una versión "más libre" del amor. Queda una caricatura. Queda un contrato de servicios emocionales hasta que uno de los dos encuentra un proveedor mejor. Queda la eterna expectativa de la princesa inmadura que consume romance como barril sin fondo. Ella había dejado de sonreír. Tenía los ojos fijos en la ventana, pero ya no miraba el lago. - Llevo tres noches en este hotel -dijo en voz bajita-. Y por las noches lloro. No mucho. Un rato. Me pongo la mascarilla, me echo crema y de pronto me doy cuenta de que estoy sola en una habitación enorme y que Clara está con su padre en Nueva York y que yo no sé muy bien para qué vine a Ginebra. Y entonces me acuerdo de lo que me dijo la terapeuta. Que debo acostumbrarme a la soledad. Que debo "aprender a quererla". Entonces me acordé de mi amiga que cuando hablaba me desollaba viva. Que necesitaba escuchar esto. Se le quebró la voz en la última frase. No fue un llanto dramático. Fue peor: era el llanto de alguien que se ha estado conteniendo delante de todo el mundo y que, de pronto, en un bar lleno de gente tan sola como ella, de las seis de la tarde, en un lujoso hotel suizo, ya no puede más. Se llevó las manos a la cara. Los hombros se le sacudieron una vez, dos. El diamante le brillaba entre los dedos. Yo no dije nada durante un rato. Afuera empezaba a llover sobre el lago. El agua golpeaba el cristal con un sonido regular. Saqué un pañuelo blanco con una flor bordada y se lo di. Esas lágrimas nunca se secan con servilletas de papel. - Nadie llega solo a este mundo, Lucia -dije sin dorarle la píldora-. Cuando nacemos nos abraza nuestra madre que a su vez, nos tuvo en su seno por nueve meses ininterrumpidos. Recibimos amor puro desde el primer gemido. Siempre estamos cuidados por ella hasta que podemos valernos solos. Somos lo que somos por ese amor. Negar eso no te hace más fuerte. Solo te deja más sola de lo que ya estás. Esa terapeuta es una reverenda cojuda, como la mayoría de "terapeutas" que se encargan de lavarles el cerebro a las mujeres. Hoy llegan incluso a celebrar los divorcios ¿qué tipo de locura te hace creer que el fracaso que significa un divorcio, el ver destrozado tu proyecto de vida con quien elegiste para que cierre tus ojos en la vejez, deba ser celebrado? ¡Este mundo está patas arriba! Lucía no contestó. Siguió llorando, ahora más quieta, con la frente apoyada en una mano y la otra todavía aferrada a la taza vacía. El barista nos miró de reojo y decidió no acercarse. Afuera la lluvia arreciaba. Dentro, el bar mantenía esa discreción suiza que puede parecer frialdad. - Piensa en lo que has perdido, Lucía, por vivir alimentando la idea de que te lo merecías todo y de que el amor llega por decreto. Quizá no sea demasiado tarde. Quizá todavía puedas hacer, por primera vez, un sacrificio real y demostrarle a tu marido que estás dispuesta a entregar algo que te cueste de verdad. Llorar sola es muy duro. Pero más duro es llorar por algo que aún puede arreglarse mientras la terquedad, la porfía y el orgullo siguen destrozándolo. No pierdas a tu esposo por no haber sabido quererlo. Hice una pausa. Saqué del bolsillo interior dos estampas pequeñas, un poco dobladas por el uso y las dejé sobre la mesa, junto a su taza. -Sé que eres atea. Aun así te las dejo. Una es el Sagrado Corazón de Jesús. La otra, el Inmaculado Corazón de María. Es el mejor modelo de amor que puedo darte. El sacrificio más perfecto que existe. El que la sociedad de hoy intenta silenciar, pero que sigue siendo la forma más clara de entender cómo se ama de verdad. De ese amor infinito y perfecto aprendieron nuestras abuelas y nuestras madres, las mujeres que nos dejaron el molde que ahora nos toca entregar. Lucía no dijo nada. Estiró la mano, tomó las dos estampas, las miró por largo rato y las guardó en el bolso. Luego se limpió la cara con el pañuelo que le había dado y se puso a contemplar la Jet d’Eau saltando sus ciento cuarenta metros de agua. Nos quedamos así un rato, en silencio. Cuando me levanté para irme, ella no se movió. Solo dijo, muy bajito: - Gracias. No supe si se refería a las estampas, a nuestra reunión o a las dos cosas a la vez. Salí del bar sin volver la vista atrás. Afuera la torrencial lluvia caía más densa. El frío húmedo calaba los huesos. Mi esposo me recogió en el porte-cochère de la entrada. A la mañana siguiente recibí un mensaje de Lucía: “Salgo para Nueva York esta tarde. ¡Te quiero!”. ------------ autor: Mar Mounier.
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Te amé, fuiste latido y sueño en mi corazón, fuiste verso en las líneas de mis manos, en las venas de mi ser... Algún día amor, sabré si mis versos abrieron las alas de tu alma o sólo fui la brisa del atardecer acariciando tu pelo...
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Hay algo que se descubre con el tiempo. No siempre pensamos lo que pensamos. A veces solo repetimos lo que sentimos. Una emoción llega con tanta fuerza que parece un hecho. El miedo suena a verdad. El enojo suena a justicia. La tristeza suena a sentencia. Pero sentir algo con intensidad no lo vuelve cierto. "El necio se deja llevar por sus impulsos, el sabio sabe controlarlos." (Proverbios 29:11) Se suele creer que controlarse es endurecerse. Es lo contrario. Es tener suficiente interior como para no obedecer todo lo que pasa por dentro. Entre lo que se siente y lo que se decide hay un pequeño espacio. Casi toda la vida se juega ahí. No se trata de dejar de sentir. Se trata de no entregar el timón a la primera emoción que llega. Porque todo impulso tiene prisa. Y la sabiduría casi siempre llega más despacio. Cristo no le pidió a la tormenta que dejara de existir en el mundo. Le dijo: "Calla, enmudece" (Marcos 4:39) y vino la calma. Las emociones pueden gritar, pero no gobiernan. Hay una Voz por encima de todas ellas. Y cuando se la escucha, el mar sigue ahí, pero ya no manda.
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Pienso en ti y cual cerezo en su dulzor busco tu corazón para florecer en ti.
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Tu corazón incansable busca nuevas prosas para narrar su poesía y al encontrarse con mis ojos logra detener el tiempo en el verbo "quiero".
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Seguir a Cristo nunca fue una invitación a sumarlo a la vida que ya tenemos, sino a entregarle la vida entera. Tomar la cruz es aceptar que no todo en nosotros puede permanecer como está. Es dejar morir el orgullo que exige tener razón, el apego a la comodidad, la necesidad de ser comprendidos y todo aquello que nos aleja de la voluntad de Dios. Queremos la promesa, pero nos resistimos a la poda. Deseamos la Resurrección, pero tememos morir al hombre viejo. Sin embargo, la cruz no es solo el peso que llevamos, sino también el camino por el que Cristo nos enseña a amar, obedecer y hacernos semejantes a Él. Todos los días cargamos algo. Que no sea la vida antigua que nos aprisiona, sino la cruz que nos conduce a la santidad. Que Cristo sea nuestra prioridad, incluso cuando seguirlo nos cueste aquello que más deseábamos conservar. ❤️
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No lloro. Pero cuando riego los geranios que ella plantó, el agua cae un rato de más sobre la misma maceta.
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Todavía me duele el mundo. Todavía me conmueve un desconocido. Todavía creo que un hombre puede tender la mano a otro sin preguntar de dónde viene. No me parece poco para seguir.
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